Las defensas aéreas iraníes han derribado unos 45 drones MQ-9 Reaper desde el inicio en febrero de la agresión de EE.UU., una perdida mayor a 1300 millones de dólares.
El diario The Washington Post informó este jueves, citando a tres funcionarios estadounidenses, que el Ejército de EE.UU. ha perdido 45 de estos costosos aparatos no tripulados —cuyo valor oscila entre 30 y 50 millones de dólares cada uno— durante los casi seis meses de conflicto contra Irán. Antes del inicio de la ofensiva conjunta con Israel, el 28 de febrero, la flota estadounidense contaba con unos 185 Reaper: 165 de la Fuerza Aérea y 20 del Cuerpo de Marines. Según el teniente general David Tabor, para mediados de mayo la cifra ya había descendido a 135 unidades.
Estados Unidos ha desplegado estos drones de manera intensiva en los alrededores del estrecho de Ormuz para misiones de vigilancia y ataques selectivos contra lanzaderas de misiles iraníes. Sin embargo, fuentes militares consultadas por el medio estadounidense señalaron que estos aparatos se han convertido en “objetivos relativamente fáciles” para la defensa aérea de la República Islámica y sus aliados, debido a su baja velocidad y altitud de vuelo. Un cuarto funcionario precisó que no todas las aeronaves fueron abatidas en combate, ya que un número indeterminado se estrelló tras perder la comunicación con sus operadores.
Las pérdidas de los Reaper se suman al creciente desgaste de los arsenales estadounidenses. Según reportó Reuters a principios de mes, “prácticamente todas” las reservas de misiles de precisión de largo alcance de EE.UU. se han agotado durante el conflicto, incluyendo los sistemas ATACMS y los misiles de ataque de precisión (PrSM).
Aunque el Pentágono ha negado sistemáticamente estos informes, la Administración Trump ha solicitado al Congreso un suplemento de 67 000 millones de dólares para cubrir los costos de la ofensiva guerrerista y reabastecer el arsenal, aunque los analistas advierten que la reposición podría tardar años.
Teherán, por su parte, ha difundido imágenes y videos que documentan el derribo de varios drones, reivindicando públicamente su responsabilidad en estas bajas. La cifra de 45 aparatos perdidos supone un duro golpe para una plataforma considerada clave en las operaciones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento de Washington, así como para sus ataques de precisión sin riesgo para pilotos.
La intensa actividad militar en el estrecho de Ormuz —cerrado por Irán en respuesta a la agresión y reabierto brevemente tras el Memorando de Entendimiento de Islamabad del 17 de junio, pero nuevamente bloqueado ante la renovada ofensiva de las últimas semanas— ha sido el escenario principal donde los Reaper han operado y han caído.
Fuentes militares indican que la concentración de estos drones en el estrecho y sus alrededores responde a la necesidad de monitorear el tránsito marítimo y las posiciones iraníes, pero precisamente esa exposición los ha convertido en blancos vulnerables para las defensas iraníes.
El desgaste de la flota de Reaper evidencia no solo la efectividad de las capacidades antiaéreas iraníes, sino también las crecientes dificultades logísticas de EE.UU. para sostener una guerra de desgaste en una de las vías marítimas más estratégicas del planeta.
Estados Unidos inició la guerra contra Irán con la esperanza de lograr una victoria rápida y contundente; sin embargo, a medida que avanzó el conflicto, no solo no alcanzó este objetivo, sino que también sufrió importantes bajas y pérdidas materiales.
Como consecuencia de estos ataques, al menos 20 instalaciones utilizadas por las fuerzas militares estadounidenses en ocho países diferentes han resultado destruidas o dañadas.
De acuerdo con el informe, las pérdidas ocasionadas hasta ahora a los equipos e instalaciones militares de Estados Unidos ascienden a 13 000 millones de dólares.
Además del agotamiento de sus misiles y drones, la Administración Trump es cuestionada por las condiciones “alarmantes” a bordo del portaviones USS Abraham Lincoln, desplegado en Asia Occidental para la guerra contra Irán.
Entretanto, las autoridades iraníes aseguran que la estrategia militar del país persa ha dado un giro notorio al pasar de una postura defensiva a la ofensiva.
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