APOSTILLAS
Federico Sánchez -FS Fedor-
Abordar el tema de la alienación, y su relación con la estructura social y la comunicación moderna, resulta demasiado ambicioso (y quizás especulativo), debido a que se requiere de un estudio y análisis bastante enjundiosos; además de que esta temática abarca demasiados campos, o más bien se encuentra donde se hace posible que los detentadores de la estructura de poder hegemónico la manipulen como forma de desinformar y expropiar la mente y la capacidad creativa del hombre.
Y en esto último se encuentra, precisamente, la conceptualización teórica de la alienación: incapacidad creadora de la mente humana mediante la pérdida de la acción consciente, arrebatada por un objeto extraño, independiente de su ser (Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844), al decir de Karl Marx, quien se avaló en las teorías de los filósofos alemanes Federico Hegel y Luis Feuerbach para su acendrado estudio del hombre y su relación con el trabajo.
Marx parte de la actividad privada de los medios de producción inmersa en la sociedad burguesa para escribir el referido texto, a diferencias de los dos autores citados, que parten de concepciones abstractas e idealistas.
Según el creador de las teorías socialistas y autor de El Capital (su obra cumbre, de mayor capital importancia), el obrero, al trabajar para el capitalista y ser un objeto al servicio de éste, se aliena, dentro del proceso de su labor. Me explico: el hombre realiza una labor para sobrevivir con la mísera suma que le paga el empresario, durante unas ocho o diez horas, pero al haber trabajado por lo menos cinco horas, dice Marx, se ha ganado lo que le pagan y el resto de las otras horas es producido exclusivamente para el patrón. Esta última ganancia es lo que se llama Plusvalía. Más adelante Marx asegura que “cuando más se mata el obrero trabajando, más poderoso se torna el mundo material ajeno a él, que crea frente a sí; más pobre se vuelven él y su mundo inferior (y) menos se pertenece el obrero a sí mismo” (Op. Citada).
Ahora bien, ¿cuál es la relación existente entre la alienación y el trabajo realizado para el patrón? El hombre (obrero, empleado, se entiende) al no pertenecerle los medios de producción se siente extraño ante ellos; no siente el mínimo deseo de trabajar; los medios productivos les son independientes; entonces trabaja por simple necesidad. Su capacidad humana de creación no está dispuesta para realizar un trabajo eficiente e inherente a su condición social, puesto que la mayor parte del trabajo que realiza no le pertenece, sino a aquél; él produce para que otro goce de su labor extra realizada.
Marx analizó esta situación durante el incipiente nacimiento del capitalismo con todas sus secuelas corrosivas, y aún hoy continúa este tipo de relación social y de producción, pese a su modernidad.
Mas, ¿sería posible una afirmación del fenómeno en la sociedad socialista, debido a la situación social que existe con respecto a la propiedad de los medios de producción, comportándose como la antítesis de la propiedad privada, individual, reinante en el capitalismo? Dejo la respuesta en el aire.
Se ha puesto en duda que en el socialismo no exista una tipología específica de la alienación. Simplemente se han hecho análisis comparativos que podrían carecer de todo enjuiciamiento científico. A veces, son teorías insidiosas, autodefensivas, llenas de argucias, en que se esconde soterradamente una apología del capitalismo; pero ni tan llenas de subterfugios son esas teorías, puesto que sus defensores integrados (para decirlo según la feliz expresión de Umberto Eco, Óp. Cit.) son los intelectuales burgueses. Una de las teorías que levantan (y que podría caer por su propio peso) es que donde existe tecnología como medio de producción en el trabajo, existe inexorablemente la alienación. Así, como en el socialismo existe la tecnología avanzada, hay, por lo tanto, este fenómeno de marras.
Se debe subrayar que no es el medio lo que provoca la alienación, sino el fin. En ese sentido, este planteamiento decae por su debilidad teórica. La tecnología, sea avanzada y muy científica o sea muy insignificante, siempre resulta ser neutral, no aliena. Lo que corroe la mente del hombre es el modelo económico que sustenta a la sociedad, así como la relación de los medios de producción. Ya sea en el esclavismo, en el feudalismo, el capitalismo o en el socialismo. Y el capitalismo posee un basamento cuyos medios de producción impone una división social radical, aunque no se puede negar que frente a los sistemas económicos del pasado es más humano, pero aún insuficiente. Con respecto al sistema de producción socialista, aún es muy temprano para determinar si su medio es alienante o no; empero, si se aplican real y efectivamente los postulados políticos-filosóficos de este sistema, en cuanto a poner al ser humano por encima de todo, podría funcionar, y evitarse la alienación mental; pero, aún estamos en veremos.
Después que Marx hizo su estudio de la alienación, partiendo de la condición social del trabajo, se han hecho numerosos análisis en otras áreas, abarcando desde los medios de comunicación de masas, el consumo de los productos de mal gusto que la industria cultural capitalista nos dispara, hasta la forma de conducción del ser humano, su indiferencia con respecto a los problemas sociales y políticos de nuestra sociedad en trance. La alienación se puede dar en el hombre que asume una actitud conservadora, evasiva y hasta hedonista (en su acepción placentera); y qué decir del nihilista al encontrarse frente a un hecho específico (teórico o práctico). Por igual, la inoperancia de protesta resulta una forma de cohibirse y por lo tanto no existe una independencia del individuo y su pensamiento se extraña ante el hecho o el hecho le es extraño. Se da la alienación en el obrero, en el trabajador de “corbata y cuello blanco” por ser el trabajo un objeto independiente de ellos. Se da en el éxtasis que provoca la sustancia extraña. Puede darse en las amas de casa al consumir determinados productos, influenciadas por los medios de comunicación (como la publicidad, las telenovelas…), cuando distorsionan los hechos y la realidad de lo presentado. Y en el espectador, si no toma una actitud crítica frente a lo que está viendo o escuchando. Adherirse a determinada tendencia dentro de un partido político con fines lucrativos es otra manifestación de alienación (sofocado por la avaricia y el dolo, a la vez).
Uno de los factores más poderosos tendentes a vehicular el estado de alienación son los medios masivos de comunicación, difusores de ideologías y de productos manufacturados y facturados por la industria cultural de consumo masivo. Y dentro de esos productos los llamados de “mal gusto”, como una categoría del “kitsch” (literatura rosa, pintura “barata”, adornos, insumos insulsos -la lista es interminable-).
El cine barato (en sus acepciones estéticas y formales), la televisión, la radio, los comics, la telenovela y fotonovela y otros que se quedan en el etcétera, traen consigo una caterva de mensajes ocultos (aunque hoy en día vienen claramente definidos) que viabilizan una pronta enajenación en el consumidor, que se vuelve impronta sucesiva, y se impregna con suma facilidad en la mente humana, consciente o inconscientemente. Por ello estos medios, manejados sabiamente, vienen a realizar un papel de enorme trascendencia para inyectar la alienación por parte del poseedor de los mismos. A la vez, pueden ser instrumentos didácticos en manos sanas (¿o mente sana?).
En el orden artístico y su relación con el hacedor de la obra, es decir el artista y su vinculación con los elementos que componen las obras de arte, puede darse en determinado momento el fenómeno que estudiamos. Según Carlos Castillo del Pino (“Dialéctica de las personas y dialéctica de la personalidad”) un intelectual que vehicule una comunicación estética en su obra, manteniendo la temática conceptual sin ningún contenido social, es un intelectual alienado. El esteticismo de por sí es alienante, porque desvincular lo social de lo formal asume una participación, explícita o implícita, con el sistema establecido en nuestra sociedad de consumo. Si no es cómplice por omitirlo (¨por comisión u omisión¨). En cambio, cuando una obra es rica en su forma y muy avanzada en su contenido corrobora con la lucha emprendida por los pueblos en vía de su liberación económica y cultural, hacia una democracia eficaz, humana.
Se hace necesario que nos cuestionemos sobre cómo se evita caer en la alienación. Muchos ilusos, y hasta intelectuales, se creen que, tomando conciencia del sentido de la alienación, además de no consumir productos que conlleven tal actitud, ya están de “golpe y porrazo” evitando caer en ese mal. Desde el mismo momento en que se asume la despreocupación, la inoperancia y la evasión frente a un hecho social y la no combatividad del fenómeno como tal ya se está realizando un acto, para sí mismo y su semejante, de alienación.
Es decir, la alienación no se evita desde el mismo momento que se comprende este fenómeno; éste se evita mediante la praxis social de liberación y hasta un cambio social de la estructura del momento sistémico y que sustentan un estigma de opresión económica, política y cultural, de corrupción estatal. Con el cambio de las relaciones de producción, convirtiéndola en más social, más colectiva, más integradora, más satisfactoria a nivel general, podría producirse un ápice (por no decir un desarraigo total) de la alienación.
El humanismo es el camino. Para aquellas personas, en cambio, que no llegan a adquirir una toma de conciencia de la alienación pueden llegar hasta la enajenación y en última instancia, y es lo peor, a la cosificación mental (como los drogadictos, por ejemplo).
Algunos teóricos han llegado a común acuerdo en afirmar que el germen de mantener una praxis social de los pueblos con respecto a la alienación y su total erradicación nace precisamente desde el mismo centro de un sistema alienante y alienado; es decir, sólo la desalienación podrá dar cabida a una concientización del individuo, una vez éste asuma la responsabilidad histórica que como alienado le tocó vivir. Emanciparse y emancipar. El problema, más que el modelo económico, es la forma y el estilo de todos los recursos de la sociedad puestos a disposición de unos pocos, en detrimento de la mayoría
Los Comics: otra forma de penetración ideológica
El mundo de los medios de comunicación de masas (mass media) es tan complejo que tienden a penetrar en el pensamiento del consumidor, formando en él un patrón de conducta que lo estimula a actuar de manera inenarrable. Uno de esos matices estéticos es “el comic”, también conocido como historieta, muñequitos, tebeo, según la geografía y economía de varios países.
Son incontables las personas que leen o visionan diariamente los comics que les proporcionan los medios de comunicación de masas, entre los que se pueden contar los escritos: la prensa, pasquito -o pasquín-; la fílmica: cine, televisión, y, en menor proporción y no por ello menos penetrante, la auditiva a secas: la radio, en forma de fábula contada (o narrada), y las redes sociales de la Internet.
Desde la aparición de estos comics en la postrimería del siglo pasado, las grandes industrias comerciales-culturales emprendieron una guerra a muerte por posesionarse de las firmas que engendraban los personajes que contaban o protagonizaban una pequeña y entretenida historia, y que se veía disimuladamente inofensiva. Esos personajes cómicos pasaron a ser prototipos que deberían (y de hecho los fueron) ser imitados por subsiguientes generaciones de lectores voraces o de, como últimamente se les ha llamado, teleadictos -lectores adictos-, en tanto que los comics son drogas a nivel ideológico.
Uno de los primeros personajes que creó la mitología cómica fue “Yellow Kid”, presentado en la prensa comercial burgués a varios colores, destacándose el amarillo; de aquí la denominación peyorativa de “prensa amarilla”, dada a esta publicación periodística.
En la misma medida que se fue comprobando el gran negocio de los comics, como artículo de consumo de apetencia diaria, y se fue comprobando la eficiencia mordaz de penetrar de manera sutil en el desprevenido espectador y estigmatizarlo para siempre en su forma de recibir y conllevar el mensaje de los comics, en esa misma medida éstos fueron aumentando de personajes en diversas características y condiciones específicas. Así aparecen “Popeye el Marino, “Superman”, “Tarzán”, “El Fantasma”, “Batman”, “Mandrake el Mago” y el mundo de Disney (landia), entre otros.
Se ha tenido la “creencia” y así se ha sugerido que estos dibujos (animados o no animados) no poseen causas dañinas al lector o consumidor, por cuanto su única intención es “entretener el gusto estético” de quienes precisan de algún tiempo para verlos o leerlos, y en todo caso para ir “acostumbrado en el niño el hábito de estudio y de entretención” o gozo. Nunca los manipuladores de los medios de comunicación de masas se habían mostrado tan hipócritas como para los comics. Los análisis que se han hecho demuestran que al través de estos muñequitos existe todo un condicionamiento social y económico que sumerge al lector en una pasividad, criticidad y obsecuencia increíbles y lo integra a un engranaje cultural extraño y ficticio.
El estado inerte en que se encuentra el “consumidor” de comics frente a los mensajes transmitidos es de suma importancia estudiarlo, puesto que ello trataría de conllevar una toma de conciencia que redundaría en beneficio y aporte al proceso de liberación (y democracia) que emerge y se encamina hacia la configuración de un estado de cosas más fértil. Algunos han pensado que primero va la lucha por erradicar la explotación económica y la opresión política, sin darse cuenta que la faena por la desaparición de la enajenación cultural ha de ser imprescindible como ápice para la concientización general (planteado por A. Gramsci). Y el comic es un aspecto cultural que, si bien no estamos en capacidad de suspenderlo, por lo menos se puede impugnar y denunciar en tanto género que se transmite por los medios masivos de comunicación, que se torna alienante cuando es manipulado por una clase de poder inconsecuente con los de destinatarios.
A veces el problema no es el medio masivo, sino quién lo controla, y cómo lo hace y a favor de quién.
El principal interés de estudio debe observarse en la influencia sugerida y decisiva que ocultan los comics y que deviene en patrón de conducta que el lector no puede rechazar por no tener “el anticuerpo” preciso para combatir las sugerencias subyacentes que se promulgan y que lo promueven a un estado de alineación, enajenación y, más aún, de cosificación constante, anarquizando los elementos valorativos y de progresos del cerebro humano. Definitivamente los comics piensan por nosotros los lectores o visualizadores, mientras ignorantemente reímos (porque son cómicos de verdad y provocan risas).
Desde las connotaciones significativas de los mensajes hasta las concatenaciones recreativas y fruitivas (cine, radio, TV, Paquito, etc.) existe un interés de exposición ideológico al través de un modelo de vida, concepciones del mundo y vanidades de todo tipo, desde el amoroso al de progreso (en tanto sinónimo de avance económico en la sociedad de consumo).
El matiz empleado para sugerir los valores de vida, y que se adhiere al espectador, según vaya consumiendo, proporciona al comunicador (el que escribe, dibuja o publica) un medio de inducción capaz de seducirlo y modelarlo en la medida que es susceptible de integrarse al mensaje y captar las proposiciones sin resistencia.
Veámoslos por parte:
Tarzán y El Fantasma
Son dos agentes de inteligencia de algunas centrales operativas occidentales que llegan a África camuflados con fines neocolonizantes (y neocolonizan) y para ayudar a hacer progresar el subdesarrollo que enrola a esa gran extensión selvática. Los indefensos indígenas africanos son incapaces de avanzar progresivamente sin la anuencia de estos oportunos personajes. Por lo tanto, deben eslabonarse a su mandato, a su inteligencia y a su patrón de lucha contra las adversidades para alcanzar la forma de vida civilizada de occidente.
Superman y Mandrake el Mago
Estos legendarios personajes son la máxima representación universal de fuerza y poder. Sin ellos, la tierra se vería abocada al peligro más espantoso jamás pensado. Son defensores de un sistema (al igual que El hombre increíble -en cómic y en Tv.-), y de un orden democrático-burgués insustituible. Superman está estructurado de acuerdo a reglas específicas del sistema capitalista. Su misión clásica es la de influenciar (con sus dos rostros, incluyendo el del periodista Clark Kent) en la conducta del hombre masificado, de manera que este inofensivo lector, con sus complejos de inferioridad, se identifique plenamente con él y vea sus sueños realizados al través de las hazañas geniales de este súper bondadoso y fortachón hombre de acero.
En este mismo orden y de manera futurista, está Bock Rogers, en el siglo XXV, quien eterniza el sistema de cosas y, peor aún, defiende el único país que permanece en este siglo: Los Estados Unidos de Norteamérica. Este personaje sugiere que el capitalismo que, según algunos teóricos, agoniza en sus últimos estertores (Octavio Paz hace una descripción al respecto, Revista Hispana, 1980), por lo tanto, permanecerá intacto, mientras tanto todos los países del mundo deben someterse a sus designios puros y loables. Muy buena coartada para no mostrar el rostro de la decrepitud y la decadencia.
El Show de los Muppets
Una genuina representación de las vanidades humanas impulsadas por esta sociedad de consumo; allí se aspira a ser una estrella de cine o de televisión (la cerdita Peggy), un gran comediante de escenas fastuosas (el oso Figaredo, quien es mordazmente criticado por los ancianos del balcón, representantes de la burguesía recalcitrante). Y en otro orden se pone en duda los adelantos científicos cósmicos (no cómicos) de la Unión Soviética: véase la escena espacial que tres cerditos presentan, en donde el capitán en jefe de la nave responde a un nombre norteamericano, en tanto el científico, por demás servil y que siempre se equivoca en sus análisis, responde a un nombre soviético (Porkoski, según la pronunciación que se da y que surge como derivado de “puerco”). Esto último representa dos alternativas: o los soviéticos son erráticos e imbéciles en los menesteres de la comunicación ínter-espacial; o Porkoski es un exiliado que rechazó la forma de vida socialista para integrarse a la capitalista.
Quisiera hacer un apartado en este aspecto. Años atrás, después de la Segunda Guerra Mundial, los personajes que aparecían en las películas como serviles, tanto de un hombre enigmático como del propio sistema, eran de procedencia japonesa, alemana, y en menos proporción latinoamericana. Después del triunfo definitivo de la revolución china, eran los “estúpidos y serviles chinos” los integrados a estas instancias mencionadas. Hoy en día, y debido al vuelco dado (un poco democrático a la manera occidental) por la política internacional de Hua Guo Feng, no son éstos sino los soviéticos el blanco de las críticas.
En todos estos muñequitos hay un sinnúmero de informaciones que les son sugeridas al consumidor, configurando su forma de pensar, su mentalidad acorde a ciertas estructuras comunicadas que trabajan asiduamente y que ejecutan su acción a idiotizarle y a suministrarle, mediante símbolos y signos específicos, ciertas ideas que, de no ser rechazadas, irán a parar en el repliegue del subconsciente, para luego acuñarse como patrón de conducta.
Pero, como en todas las artes y manifestaciones culturales, existen resistencias y opiniones encontradas. A los comics de impronta consumista se opone contestatariamente otros muñequitos que tienden a la descolonización y a la desmitificación del hombre, atrapado en la jaula de la dependencia. Son muñequitos que levantan los verdaderos valores populares. Tales son Mafalda y Los Agachados (éste del mexicano Eduardo del Rius), entre otros.
La Alienación de la Mujer en los Medios de Comunicación
Recientemente terminó con éxito aún impreciso, por aquello de que el sector dominante no se conmueve ante los gritos de protesta, la “Jornada de Denuncia a la Violencia contra la Mujer”. Este evento puso en evidencia las diversas manifestaciones violentas contra la mujer de clase media, proletaria, ama de casa, etc. Se cometen en esta sociedad ominosa y llena de oprobios, empotrada sobre el sojuzgamiento de la inmensa mayoría del pueblo todo.
Sin embargo, fue poca la repercusión obtenida en los medios de comunicación (radial, televisiva y escrita), que dicho sea de paso son controlados por representantes del bloque dominante, al que condenaban. Es posible pensar que esto fue debido a que esa jornada se adhirió a la idea de que la violencia contra la mujer sólo es posible erradicarla en una sociedad más justa. Según la declaración de la Jornada, los medios específicamente conducen a la más aberrante estupidez y a la indefinición ideológica, y son constantes y sistemáticos, aunque esos medios busquen defenderse cuando se cambien las estructuras sociales y se dé paso a una sociedad más humana, solidaria, más abierta y social en todo el planeta.
Estudiosos han precisado sobre la multiplicidad de la violencia contra la mujer, acordando en señalar que es producto de nuestro actual sistema social (heredada de las estructuras económicas del pasado), el cual condiciona al ente humano a una forma y manera de pensar y actuar, tal como se ha programado, única forma de viabilización para conservar los valores imperantes de hace siglos.
En los países subdesarrollados como el nuestro, en donde se sufre la explotación económica, la opresión política y una desviación o enajenación cultural, la situación deviene más imperdonable. La crisis que se crea, no solamente en la mujer, también en el hombre no poseedor de los bienes materiales, es calificada de desconcertante y atroz. De ahí que, parcializados con la problemática existencial, con una mejor condición ambiental del hombre, se lancen a la inexorable lucha de voltearlo todo.
Queremos hacer algunas puntualización con respecto a la violencia contra la mujer en los medios de comunicación, que en el amplio y denigrante sentido de la palabra se convierte en pura alineación y hasta, peor aún, en cosificación, en tanto sinónimo de “pérdida de identidad de la persona”, moldeada por un patrón que ha sido programado en los centros de dirección del sistema como una de las mejores formas de perpetuar la vida, sistemática y recreada desde hace tres siglos, y que se mantiene en crisis permanente.
Enfocaremos los medios de comunicación por parte y especificando las diversas modalidades de enajenación que trascienden de esos centros de programación (películas, publicidad, comics, fotos y telenovelas). De igual modo los valores transmitidos y la distorsión referente a la identidad verdadera de la persona, como el modelo de vida, que como paradigma presentan los tutores de la sociedad occidental.
La totalidad de los medios de comunicación adscritos a la defensa de la sociedad de consumo capitalista presentan a la mujer como un objeto de consumo y un sujeto para el consumo. Sólo se observa a la mujer como factor del desarrollismo de la sociedad y poseedora de fuerzas de trabajos vendibles, lo que tiende al aumento de producción y consumo, elevando a su máxima expresión el capital, como todo un negocio redondo.
La integración de la mujer en la producción económica es valorada en cuanto se constituye en un ser independiente y “liberante”, sin ataduras de ningún tipo con el sexo opuesto, puesto que ella, según la hacen ver, produce para su manutención. De esa inyección ideológica virulenta han surgido los movimientos “liberacionistas” que al conservar en su seno aberraciones ideológicas o ideas imprecisas orbitan alrededor de lo que se ha denominado “el libertinaje”, que nada tiene que ver con la verdadera liberación que junto al hombre ella obtendrá de salirse de los patrones y el rejuego que el sistema le presenta.
La imagen que se ha presentado de la mujer, y que se convierte en el pan de consumo de cada día, crea la idea diversificada en que ella puede actuar. Se le inocula una nueva pero alienante cultura, acorde con las necesidades consumísticas (con todo y sus insumos artificiales), por supuesto no prioritarias, que la acosan inmisericordemente. Alguien ha señalado que las ideas de liberación vienen acompañadas de cosméticos, vestimentas exóticas, productos faciales y peluqueros y de adicción al vicio como alcohol y cigarrillo, etc. Y también la frivolidad; todo envuelto en las relaciones capitalistas de producción, que día tras día y dentro de su profunda crisis, va desintegrando al individuo como ser social.
Los medios masivos de comunicación son la vía artificial más idónea para la trasmisión de conducta, y la mujer un lujoso sujeto apreciable en cuanto muy buena asimiladora, según su nivel de conciencia, de los mensajes programados. Pero por más consciente que se encuentre, aunque lo mismo ocurre en el hombre medio, estará interferida en nuestro universo comunicacional, siempre repleto por doquier de mensajes ocultos, semi velados o completamente definidos, por ruidos intermitentes y ya convencionales que conducen viciosamente al más audaz condicionamiento del receptor.
Una vez se eclosione este condicionamiento, las vías comunicativas dejan de ser tales en el sentido sociológico de la palabra, puesto que no hay una reciprocidad de transmisión entre emisor y receptor, y pasan a ser aparatos manipuladores, deviniendo objetos de imposición, coerción y programador de la conducta a seguir por un individuo.
De modo, pues, que los medios de comunicación en sí mismos son neutrales y fungen como canales artificiales para transmitir símbolos, signos empleados por el hombre para significar, expresar conceptos de la vida y el mundo; en una palabra, para comunicar un saber, una idea, a la vez que se excita, se convence, se programa, se educa, se informa, se desinforma, se orienta o desorienta, se culturaliza o desculturaliza. Todo depende de quién manipule el canal.
Nuestra ordenación social está sustentada, en cuanto a medios de comunicación y su manipulación, en una propiedad particular de esos medios que sirven para engrandecer y proyectar la sociedad de consumo como vehículo contrapuesto a todas las ideas impugnadoras, las cuales estigmatizan un mundo en completa degradación, contando con la anuencia de los sectores que dirigen la sociedad toda.
De esta forma, esta sociedad ha creado la industria cultural, siendo los medios de comunicación el transporte más efectivo de propaganda, mostrándose una alta campaña hacia el llamado “sexo débil”. De aquí que la mujer se convierta, además de un objeto de consumo (para el caso particular de la prostitución, como se ve en el porno-cine), en un sujeto de consumo, tal como se ve en la publicidad (para sólo poner dos ejemplos).
Entonces la industria cultural se presenta como la subcultura de masas (la que según su calidad artística será de buen o mal gusto, dependiendo de la apreciación y la alta dosis estética del consumidor), que una vez sea realizada por el productor, con el objetivo ex profeso e inicial de obtener pingües beneficios, se somete a la regulación de “fabricación, distribución y consumo”, al igual que los demás productos industriales.
Concomitantemente a las ideas de consumo que presenta la industria cultural, se trae una retahíla de valores o aspectos político-ideológicos, estético-culturales que son difundidos como toda una moral oficial y a la corta o a la larga se vierte en un operador de condicionamientos.
Y en este rejuego tienen un papel de trascendencia los medios masivos de comunicación, de los cuales veremos los siguientes en su justo rol de transmisión con referencia a la alienación que conllevan para la mujer: La televisión (telenovelas, filmes, comics, publicidad, programas vivos, documentales, etc.); el cine (pornografía, etc.); radio (ediciones “feministas”, canciones, publicidad, etc.); y prensa escrita (periódico, fotonovela, literatura rosa, revistas gráficas o caricaturescas, etc.).
Los valores transmitidos más acuciantes, atrofiadores que impiden la toma de conciencia de la mujer son: el machismo, el feminismo al margen de la lucha política, la liberación como sinónimo aberrante de libertinaje, la religión (siempre más propensa en la mujer que en el hombre), la “igualdad” de condiciones sin subvertir el orden, la sumisión al paternalismo, la tradicional división maniqueísta del bien y el mal, la prosternación ante el hombre en cuanto a la naturaleza física, en un caso, y en otro, una propensión a la agresividad verbal como forma de integrarse al mundo de la violencia, que como una ola de fuego corroe a todo el entorno social, etc.
Sintomáticamente todo esto conduce a la pérdida de identidad, a la deformación del concepto de sí misma y la vida, a la mitificación, a la estupidez, inhibición reprimida, a la miseria mental y creativa, a un moldeamiento de una personalidad imprecisa y robotizada o más bien a la despersonalización, a un absentismo o un abstencionismo por no comparecer o no integrarse a los problemas socio-políticos, tanto de la mujer como del hombre, en cuanto a buscar la verdadera liberación, que no es la propugnada por los tutores que hilvanan la estructura de la impronta del orden imperante. Veamos esos medios..
…..Seguirá…
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