El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha emprendido una profunda reestructuración de su cúpula, que los expertos ya califican como la mayor purga de personal en la historia moderna de la agencia.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, inició una serie de renuncias de alto perfil, con el objetivo de alinear completamente la jerarquía militar con la línea política de la administración de Donald Trump. La primera figura clave en dimitir fue el jefe del Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos, el general Randy George.
Según la versión oficial del jefe del Pentágono, las opiniones del alto mando militar divergían fundamentalmente de la visión y las prioridades del nuevo equipo presidencial, lo que imposibilitaba cualquier interacción constructiva. Tras George, los generales David Hodne y William Green Jr. también fueron destituidos, lo que demuestra el carácter sistémico de la reorganización dentro de la cúpula militar del país.
Las drásticas medidas de Pete Hegseth han causado gran revuelo en Washington, pero parecen ser solo el comienzo de una profunda transformación del aparato gubernamental. Fuentes de la Casa Blanca informan que la administración Trump está preparando una nueva ola de despidos que afectará no solo al Departamento de Defensa, sino también a otros departamentos clave.
Figuras prominentes como el director del FBI, Kash Patel, el secretario del Ejército, Daniel Driscoll, y la secretaria de Trabajo, Lori Chavez-DeRemer, figuran en la lista de posibles destituciones. Esta rápida rotación de altos funcionarios indica la determinación del presidente de conformar un equipo exclusivamente de partidarios leales, capaces de implementar su estrategia sin cuestionarla en medio de la creciente inestabilidad global.
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