APOSTILLAS
Federico Sánchez –FS Fedor–
¿Por qué siento como una desazón mental, y hasta físico? ¡Ah!, pero fue que me levanté con cierto cansancio en el cuerpo, cuando el sol de la mañana aún reverberaba con sus tonos grises, aunque por segundos volví a la cama, cada vez más ancha, y ese cansancio lo obtuve después de ese cumple de mi adorado Josy, ayer domingo, que, qué duda cabe, gozamos un montón, todos amontonados en esta casa de dios, que es un poco amarga cuando está solitaria, pero inmensamente dulce en la juerga familiar.
¡Ah, pero qué bien que la pasamos, pero lo principal fue la reunión de la familia, que, ¡uuy, cómo ha crecido!, ya es enorme, de cinco que éramos, bueno, siete, con mis padres, ya somos un montón, y eso que todavía falta que los nietos nos den algunos bisnietos, y quién sabe, a lo mejor yo llegue a ver a los tataranietos, o sea, los hijos de mis hijos, menos de la menor, que aún no se decide a tenerme un par de nietecitos, bellos, hermosos, y no sólo es porque está estudiando, eso creo, que quiere graduarse antes de terminar sus estudios superiores, supuestamente para no tener trabajo forzoso en su graduación; no, yo pienso que también es para regocijarse en plena juventud que le acompaña, antes de…, bueno, ya saben…, para poder disfrutar esos primeros años, ya sea fiesteando, ya sea viajando, disfrutado la ansiedad del gozo juvenil que es fuerte y robusto, ya sea preparándose más en otros niveles académicos, lo que le permitiría tener más confianza en sí misma en sus labores comerciales y laborales…
Pero quién sabe, a lo mejor es para convertirse en una profesora, como yo que estoy en la secundaria, aunque ella lo preferiría a nivel universitario, y también escalando posiciones sociales, que son aspiraciones del ser inquieto y ambicioso, en término sano, luego de hacer una que otra maestría, que eso lo lleva en la sangre. Claro, por mí lo heredó, que soy su inspiración, pero también porque forma parte de su idiosincrasia, de su acervo cultural, su eterna voluntad de superación, pues recuerdo que cuando se juntaba a estudiar, durante la preparatoria preuniversitaria, siempre llevaba la voz cantante en las explicaciones de los temas que estudiaban, y hasta usaba el pizarrón que tengo en el patio, junto al laurel, con tiza y borrador en mano, para ilustrar por escrito lo confirmado oralmente, y siempre hablaba de planes no muy lejanos y que quería hacer tal curso, y que luego otro y que más tarde aquél, y así, sucesivamente.
Y siempre estaba en la órbita, en el círculo, en el aura del conocimiento; pero creo que estoy exagerando, a lo mejor ni esté pensando en eso de meterse a una aula universitaria para enseñar sus experiencias mercadológicas, con lo poco que pagan estas instituciones, y en realidad sólo está esperando terminar su licenciatura para luego ofrecernos, a mí, y sobre todo a Joaquín, su esposo, una criatura tierna y feliz, ya hembra, ya varón, eso qué importa, si como quiera se quieren, y ya esto lo digo por mi propia experiencia, que mucha que tengo, pues nunca distinguí preferencia por mi dos hijas, frente al varón.
Y, en ese sentido, salvé toda distancia de la discriminación parental; salté las barreras de la indiferencia; quebranté los valladares de la repartición del cariño, menguado o abultado. Siempre fueron para mí mis iguales favoritos; sólo que una como madre al ser femenina tiende a identificarse un poquito más con su propio género.
Total, casi siempre son las primeras que se van de la casa, pues ya a los 18 o los 20 años están preparadas para el matrimonio. En cambio los varones todavía a esas edades lo que están es pensando en jugar vitilla, o dominó, o baloncesto y a un tiempo buscando algún que otro experimento amoroso que les permitan conocer a las hembras, para engañarlas, para poseerlas con labias y mentiras, para alcanzar el clímax experimental del amor, con o sin karma, sí en una cama, obviamente, o aprender a tener calma para cuando les llegue la oportunidad.
!Ah, pero qué estoy pensando!; lo mejor es que me levante de esta cama, otra vez, suntuosa y aprehensiva, que casi son las siete de la mañana, y me prepare para ir al colegio, pues con esos vientos ciclónicos que han anunciado que se acercan a las isla hay que tomar precauciones de lugar, aunque dicen que no pasarán por aquí en dos o tres meses, pero aún así hay que prepararse, pues nunca se sabe con estos pronósticos de meteorología, siempre tan indefinidos, tan imprecisos, que a veces dicen que va a llover, entonces campea, otras veces dicen que habrá un sol calcinante, y cuando una viene a ver, ¡puf!, cae tremendo aguacero, un chapuzón engañoso, apoyando el argumento aquél o la sentencia o el refrán que dice que ¨…en un país, donde a la casualidad le dicen chepa y al peso tolete, el día más claro llueve¨.
Y llueve a cántaros, porque a veces llueve mucho, más de lo frecuente o a veces sólo cae una llovizna transparente, que sola sólo sirve para una lavarse las manos. Y a propósito será mejor que me levante a lavarme antes de que el tiempo, no pronosticado, por supuesto, se me abalance encima y me coja asando batatas, y llegue tarde al colegio, que muchas cosas hay que hacer, sobre todo conversar con los chicos y chicas sobre su experiencia del paseo al zoológico, que hicismo el viernes pasado, que dicho sea de paso tengo que ayudar a mi servicio doméstico, Sigfrida la Sufrida, con el zoológico inecológico que me dejaron esas visitas familiares, ayer, tarde y anoche, que más que un antro de monos y reptiles, parece un establo ecuestre, pues esa horda de niños que pasaron por aquí parecían invasores a caballos y estropearon el jardín, profanaron las violetas amarillas y las blancas azucenas del balcón, y orillaron el verde laurel que creo que hay que podar sus ramas bajitas arrasadas.
Así que será mejor que me levante antes de que llegue la sufrida Sigfrida… Vaya, parece que adiviné que venía, pues están tocando a la puerta y debe ser ella que llega (ya, debo levantarme y dejar de pensar tanto, que tengo muchas cosas que hacer en este largo día de insufrible labor).
Bueno, ahora déjame alcanzar esa bata de seda, mi preferida, por su color púrpura encendido, para ir a abrirle la puerta, eso sí, lo primero que le diré será que prepare un cafecito, pues parece que mi estómago lo está pidiendo, o será este entumecimiento que llevo colgado en el cuerpo que me tiene así, como sin ánimo. De toda forma sé que la cafeína me repondrá, siempre lo ha hecho.
Uy, pero si hace un poco de frío, aún sin invierno; pero dónde están las benditas chancletas, que no las encuentro, parece que están debajo de la cama, hacia el centro, total sólo tengo que extenderme, o mejor, es decir, alargar la mano y sacarlas para que vengan a cumplir su misión aplastante de cubrirme los pies, uuummm. ¡Ah, aquí están. Y otra vez tocando, –“Ya voy, Sigfrida, ya voy”–, y ojalá que no haya despertado al viejo, “…mi querido viejo”, con ese toqui, toqui. Déjame abrir la puerta de su habitación, Sigfrida que espere, que el viejo está primero. ¡Oh no, al parecer al viejo se le incrustó el cansancio en los huesos, aunque respira con normalidad, —“Ya voy, Sigfrida, ya voy”–, …y ahora déjame abrir pronto esta puerta que con ese sunsurrún y ese tronante sonido, sonajeros bullosos, como truenos que caen del cielo, va a despertar al viejo. –”Ya Sigfrida, estoy aquí, pero qué le pasa a este cerrojo que no quiere ceder, …vaya, por fin, ¨… entra, criatura de dios.”
–“Bueno día, Doña Ana, cómo le amanece.” –“Ahí, ya tú verás, con tanto reguero que me dejaron, pero ya eso te toca a ti resolverlo.” ¡Uuunn!, parece que vino de buen humor que me ha mostrado una sonrisa de oreja a oreja, “–Pero quiero que me prepare, ante de todo, un buen café, como sólo tú sabes hacerlo, ¿te pareces bien? Perfecto.”
Ahora déjame bañarme, pero primero guardaré este libro… para seguir leyendo esta noche, bueno, que sé que al terminarlo de leerlo me sentiré libre, independiente, pues desde hace unos días, me tiene esclavizada, sometida a una asidua, recurrente, obligada lectura, que me ha divorciado de la lectura de otro libro pendiente. Sí, esta novela de Umberto Eco me tiene atrapada entre sus páginas, porque es formidable, titulada ”El nombre de la rosa”, que dicho sea de paso creo que ya voy por la tercera lectura, desde que la compré, hace años y cada vez más me entusiasmo con ella.
Creo que esta obra es el ejemplo de la llamada novela intelectual, no porque haya sido escrita por un intelectual, pues de hecho todos los novelitas los son, sino porque su planteamiento, sus hipótesis, su tesis, su antítesis colindan con las propuestas intelectuales sobre un tema específico, como si fuera un desarrollo filosófico, o un argumento jurídico, o una investigación sociológica, o un replanteamiento político de una época, y sobre todo de un tema en particular, como el que plantea, sobre la iglesia del siglo XIII y su dominio sobre la sociedad, y toda su secuela, su impronta universal.
Pero sociedad que hoy ya es secular, adscrita al mundanal ruido de los impíos.
Y pienso que debo terminar de leerla pronto para seguir leyendo otros libros formidables, que son “Terra nostra”, de Carlos Fuentes, “La guerra del fin del mundo”, de Vargas Llosa, “Cien años de soledad”, de García Márquez, “Tres tristes tigres”, de Cabrera Infante, y “El obsceno pájaro de la noche”, de Donoso. ¡Ah!, no se me puede olvidar el “Ulises”, de James Joyce, y “Memorias de Adriano”, de Marguerite Yourcenar.
Pues sí, son los mejores ejemplos del desarrollo temático en forma novelada; pero ya debo de dejar de cavilar tanto y entrar al baño, a darme un chapuzón de gotas tintineantes. Ahora abriré el grifo lentamente, pero está apretado, por qué es que las cosas de esta casa han amanecido apretadas; ¿será que están asegurándose ante la llegada tumultuosa del ciclón? Pero nada, supongo que el agua no está apretada, pero sí fría, pues sé que a esta ahora esta agua está bien fría. En efecto, pero qué bien me siento con ese tintineo acuífero rodando, anegando mi cincuentenario cuerpo, aún esbelto, por supuesto, una magnolia en su cauce, y no es que me vanaglorie de él, pero creo que me siento satisfecha, pues aún siento las picaronas miradas de los hombres, los más mero machos y masculinos, cuando paso, cuando camino por aquí y por allá; bueno, la esbeltez, la candorosa altivez de mis niñas, digo niñas sabiendo que son mujeres, pero aun así son mis niñas, pues esas virtudes corporales de ellas es prueba de lo que una vez fui, y en cierto modo aún poseo.
Sí que esta agua me ha puesto en un buen ambiente mental; y será mejor que escoja un conjunto de vestir con pantalones, pues hoy tengo que hacer muchas cosas y a cada rato tendré que bajarme, ya abriendo las gavetas, ya escogiendo los formularios que están sobre la credenza. Ah, pero qué digo, como quiera estaré encerrada en mi oficina; lo mejor es que vaya a la cocina a beberme mi cafecito caliente que ya siento el aroma, qué rápido que lo hizo esta muchacha, siempre eficiente. Y con lo cara que esta la cosa hoy, y los productos con precios en alza todas las semanas, creo que voy a tener que premiarla con aumento de sueldo, al menos cubrirles el pasaje semanal, para estimularla, para animarla, crearle un incentivo para que no me abandone, pues lo cierto es que no soy nada sin ella, y sobre todo por el viejo, que ella lo atiende bastante bien, y bien que se llevan ellos, aquí juntos todo el día, salvo los días que el viejo sale a dar una vuelta por el colegio o por los alrededores del barrio.
A propósito, siento ruidos en su habitación; parece que ya se levantó, déjame ir y tocar su puerta antes de abrir, oh, ya se levantó, –“Bendición… Papá, dese rápido que ya el café está listo, si es que quiere acompañarme.” –“Ah, no te preocupes, vete alante, yo voy enseguida.” Uhh, parece que también se levantó con buen ánimo, al parecer todo está bien por aquí con tantos gestos animosos; y pensar que el viejo siempre se levantaba primero que todos nosotros, supongo que es el tiempo que nos hace cambiar, más que la disposición de hacerlo.
Pero Sigfrida sí que coló rápido ese café; lo tomaré tranquila mientras escucho la noticia sobre ese anuncio de ciclón, aunque las autoridades dicen que no es para preocuparse, pero nunca se sabe, lo mejor es que Sigfrida esté preparada por si quiere irse, en caso de que el ciclón pase cerca o se meta en nuestro terruño; aunque supongo que su familia no tiene de qué preocuparse, eso si es que en su aldea hay algún refugio; –”Lo hay Sigfrida, sí, ¡ah qué bueno!”; entonces me iré a cambiar, ya es tiempo de salir a la calle–, ir al colegio a ver cómo el día nos depara su luminaria caliente, o quizás fría con eso de que se acerca un ciclón, que según las autoridades no hay de qué preocuparse por el día de hoy ni de mañana martes, pues se espera que pase más adelante o un poco alejado del país.
Creo que este pantalón y esta blusa me quedará bien, aunque confieso que no me gusta este azul tono oscuro, pero quizás con la blusa clara, azul celeste, podría crear un buen contraste con matices varios, azulosos o azulinos o silueteados. Bueno, qué digo, como quiera da igual, soy elegante y eso es todo, cualquier cosa que me ponga atraerá la atención, bellamente hablando; y qué decir de esta zapatilla, creo que me caerá bien también, que haría de mis encantadores pies un estante, un escaño, un soporte genial para mi encantadora figura ósea, que es mucho decir, como decir que soy manjar para la ilusión, es decir, apio para una buena ensalada, remolacha o zanahoria para un dulce, delicioso jugo.
También debo decir, sólo por decirlo, que conllevo en mi estructura corporal esa silueta que encanta, por desacata o por incandescente. Bueno, ya es suficiente…, sólo tengo que pasarme este cepillo por mi hermosa cabellera y ya está, nada de maquillaje, ni adornos superfluos, para no llamar tanto la atención, que como quiera atraigo las fuerzas centrífugas de las miradas masculinas, y también femeninas, que es más que un decir…, pese a mis 50 años, que hasta J-Lo lo envidiaría… Amén. Inch Alláh, o sea, Dios lo quiera…
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