Los desastres de la guerra

Por Manlio Dinucci

«La paz por la fuerza» es un eslogan que siempre ha servido para galvanizar las multitudes como medio de llevarlas al desastre. Hoy, lo invoca el presidente estadounidense Donald Trump, pero no le ha servido para derrotar a Irán, hasta ahora considerado una “potencia media”. En cambio, el viejo eslogan está hundiendo en la crisis a cientos de millones de personas que nada tienen que ver con el conflicto, y pronto las llevará al hambre.

Después de haber firmado los acuerdos de Munich con el canciller alemán Adolf Hitler, el primer ministro británico Neville Chamberlain declaró: “En estas condiciones, me parece que sólo los imprudentes, los irresponsables o los ignorantes pueden desear que el gobierno en funciones siga otra política que la que nos hemos trazado, una política de paz por la fuerza… contra cualquiera que sea lo bastante temerario como para atacarnos.” Hoy sabemos a qué condujo aquella “sabia” política.

La Casa Blanca anuncia: «La doctrina de paz por la fuerza –aplicada por la administración Trump– ha consolidado las alianzas y posicionado a Estados Unidos como una fuerza indispensable para la estabilidad mundial. A medida que se suman esos resultados, entramos indiscutiblemente en una Edad de Oro de la Grandeza Estadounidense, que promete oportunidad y seguridad aún mayores para el futuro.»

A lo anterior se agregan 488 000 millones para el Departamento de Veteranos y otras asignaciones también correspondientes a cuestiones militares, que elevan el gasto militar anual de Estados Unidos a más de 2 000 millardos de dólares, o sea más de la cuarta parte del gasto público del gobierno federal.

Pero en los balances oficiales se subestima el costo real de las guerras. Por ejemplo, según el Departamento de la Guerra estadounidense el costo de la guerra contra Irán se eleva hasta ahora a 29 000 millones de dólares, pero la revista Forbes lo evalúa en casi 200 000 millones.

El bloqueo naval que Estados Unidos mantiene en el estrecho de Ormuz, cerrando con sus barcos de guerra la entrada del golfo de Omán, impide que los países asiáticos reciban el petróleo y el gas que necesitan y que habitualmente compran a Irán y a otros países del golfo Pérsico. Ante esa situación, los países asiáticos afectados se ven obligados a comprar el petróleo y el gas a Estados Unidos… a precios muy superiores. Y el aumento de los precios de la energía está provocando a su vez un aumento de los precios de los productos agrícolas, con consecuencias evidentemente desastrosas.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA o WFP por sus siglas en inglés) advierte que el aumento en los precios de los alimentos afecta gravemente la alimentación de las familias pobres, que ya antes de la agresión israelo-estadounidense contra Irán sobrevivían con una alimentación mínima. En el caso de los 53 Estados con datos disponibles, se prevé que el número de personas que van a sufrir situaciones de “hambre aguda” aumentará en 45 millones de hombres, mujeres y niños –la cifra de referencia anterior a la agresión israelo-estadounidense ya era de 318 millones de personas– si el conflicto se prolonga durante el segundo trimestre de este año. En total, más de 360 millones de personas podrían verse este año en situación de grave inseguridad alimentaria. Eso significa que millones de personas corren el riesgo de morir de hambre.

En resumen, la guerra provoca muchas más víctimas que las que mueren bajo las bombas.

Otros seres humanos morirán debido a los efectos de la contaminación provocada por los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra las refinerías iraníes de petróleo. Por cierto, una marea negra ya alcanzó Shidvar, una isla iraní deshabitada de 80 hectáreas cuyas aguas, antes cristalinas, sirven de refugio a delfines y tortugas marinas en vías de extinción. Oficialmente llamada “Refugio de la Vida Silvestre Shidvar”, esa isla iraní es una de las reservas naturales protegidas más importantes de Irán. Pero ahora grandes manchas de petróleo serpentean a lo largo de sus playas de arena blanca, donde ya pueden verse pájaros, cangrejos y tortugas marinas atrapados en el petróleo crudo que ha ido depositándose.


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