Rodrigo Duarte
La propuesta de la exvicepresidenta Kamala Harris de hacer campaña con los aspirantes demócratas en las elecciones de medio término ha sido rechazada en gran medida, pese a sus esfuerzos por distanciarse de Joe Biden. «Es una muy mala señal para su deseo de volver a buscar la presidencia», dijo un experto.
Días después de que finalizaran las mayorías de las contiendas internas de julio, se reportó que el equipo de Kamala Harris empezó a hacer circular un documento en el que comunicaba su disponibilidad para acompañar a los candidatos demócratas —ya sea en contiendas legislativas o para gubernaturas estatales— en actos proselitistas y eventos para recaudar fondos de cara a las elecciones de medio término.
Sin embargo, según informaron medios estadounidenses, el ofrecimiento de la exvicepresidenta y derrotada aspirante presidencial fue rechazado, con la gran mayoría de los candidatos declinando la invitación, evidenciando así la continuidad de un escenario interno marcado por tensiones no resueltas.
Así, mientras el presidente Donald Trump ha viajado por todo el país haciendo campaña por los candidatos republicanos, llegando incluso a pedir a su electorado que hagan como si su nombre estuviera en la boleta, la última candidata presidencial demócrata es tratada por los suyos como un activo tóxico del que es mejor tomar distancia para no perjudicar las oportunidades de recuperar el Congreso o ganar en estados en disputa.
«Una decisión pragmática»
Claudia Veiroj, internacionalista egresada de la Universidad de la República Oriental del Uruguay (UDELAR), le dijo a Sputnik que esta actitud «no responde a una súbita toma de conciencia por parte de los candidatos demócratas de que la gestión Biden-Harris fue desastrosa, sino a un cálculo político«.
Según explicó la experta a este medio, pese a sus múltiples intentos de distanciarse de las políticas del Gobierno del que formó parte como vicepresidenta —ya sea con la admisión del deteriorado estado cognitivo del presidente Biden en su libro de memorias «107 días» o la reciente crítica a su propia Administración por «no limitar la conducta horrible de Israel en Gaza»—, quedar asociado con Harris en este momento «equivale a un suicidio político, especialmente en aquellos estados que los demócratas quieren imponerse y que en el pasado han votado abrumadoramente por Trump, como Alaska, Kansas o Texas».
«A pesar de sus intentos de desmarcarse del presidente Biden, los estrategas demócratas han visto que sus números negativos se mantienen, y saben que compartir un escenario con Harris es traer a la memoria de los votantes la alta inflación, la política bélica, el liderazgo débil y la frontera porosa que caracterizaron su Gobierno. Por lo tanto, es una decisión pragmática, hipócrita pero lógica, porque es más lo que resta que lo que suma», afirma Veiroj.
A su mala imagen se suma la notable falta de olfato político que ha mostrado Harris tras perder las elecciones en el 2024, añade Veiroj, que ha erosionado su posición como una figura de peso dentro del partido, rol que sí mantuvo el propio Trump entre los republicanos incluso luego de perder las presidenciales del 2020 y sus múltiples polémicas.
Un ejemplo de esto ocurrió durante las primarias para el Senado en Texas, donde Harris apostó fuerte por la legisladora afroamericana Jasmine Crockett por sobre James Talarico, quien a la postre resultaría ganador.
Pese a que el expastor y congresista local ya se posicionaba con ventaja en los sondeos, Harris prefirió dar su apoyo a una figura del establishment que encajaba con su agenda de política de identidad. Algo similar ocurrió con Zohran Mamdani, a quien ignoró durante la casi totalidad de su campaña por la alcaldía de Nueva York, recién respaldándolo tibiamente cuando su victoria lucía inevitable.
Lo anterior se suma a acciones cuestionables como la venta de su lista de correos electrónicos de donantes, que generó una gran polémica al ser caracterizada como al filo de la legalidad. Además, la publicación de su libro de memorias sobre su campaña del 2024, por el que firmó un contrato de varios millones de dólares, fue calificada como un intento desesperado de mantener su carrera política a flote, incluso si el precio a pagar era ventilar trapos sucios de sus compañeros de gestión.
«Para la izquierda del partido, su atisbo de autocrítica llega demasiado tarde y se percibe como muy oportunista, tras haber respaldado esa misma línea de Gobierno durante cuatro años; para los sectores pro-guerra y los donantes pro-Israel, las críticas a Biden y [Benjamin] Netanyahu representan un acto de deslealtad inaceptable que solo añade descrédito a una política conocida por cambiar de posturas todo el tiempo según su conveniencia», apunta.
¿Cambio demócrata?
Irwing Rico, doctor en Ciencias Políticas y docente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo por su parte a este medio que, si bien las campañas se han centrado en temas locales como la inflación y la salud, el hecho de que los candidatos demócratas le hayan dado la espalda a Harris «es una muy mala señal para su deseo de volver a buscar la presidencia«.
El experto señala que, pese a que Harris es la política demócrata con mayor «reconocimiento de nombre» de cara al 2028, según los sondeos, que los propios aspirantes demócratas no quieran ser vistos en público con ella,«revela que son conscientes de que, si quieren volver a ser competitivos electoralmente,deben dar la vuelta a la página a la era Biden».
En ese sentido, el analista señaló que la búsqueda de la exvicepresidenta de insertarse en los comicios de medio término ha sido vista en las filas demócratas como un intento de mantenerse en la conversación política con miras a las próximas elecciones, más que como un deseo altruista de ayudar, lo cual no ha caído bien dentro del partido.
En relación a los comicios del 3 de noviembre, Rico apunta que el escenario más posible es que, si algunos candidatos demócratas jóvenes triunfan como las encuestas lo vaticinan, como el caso del senador Jon Ossoff, que busca la reelección en el estado de Georgia, y la legisladora Alexandria Ocasio Córtez, de Nueva York, se posicionarán como los nombres más probables para liderar el recambio que necesita el actual partido opositor, marcando el fin de Harris en la primera línea.
«Las peleas internas entre distintos clanes —los Clinton, los Obama, los Biden— han sumido al Partido Demócrata en la profunda crisis que atraviesa hoy, y difícilmente se podrá reconstruir el espacio con las mismas caras y las mismas políticas. Estos comicios podrían ser el inicio de ese cambio, pero queda claro que Harris no encaja en ese esquema de renovación, al ser percibida como una figura del establishment poco confiable», concluyó.
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