Por Ivan Suriñach
Hay luchas empresariales que se libran solo para ganar mercados. Otras, además de comerciales, se enfrentan a una costumbre que lleva décadas sin revisarse. Es el caso de Cristóbal Núñez, propietario de D’Ecológico, una empresa dominicana que produce fertilizantes, desinfectantes, abonos y bioles para la agricultura.
Con sus marcas Fungivol Agro, Fungivol D7 y Fungivol Arroz, Núñez libra una batalla quijotesca contra un adversario difícil de ver. No es un competidor concreto, sino la costumbre. Sus molinos de viento son la desconfianza hacia lo nuevo, el peso de las marcas establecidas y la falta de información sobre las alternativas.
Cuando cambiar cuesta más que seguir igual
Muchos agricultores dominicanos trabajan durante años con los mismos productos, siguiendo recomendaciones que pasan de generación en generación. Cambiar un tratamiento no es un capricho: están en juego la cosecha, el dinero invertido y el sustento de la familia. Esa cautela es comprensible, pero no debería impedir que una alternativa se evalúe con datos.
El caso del arroz
En ningún cultivo es más urgente esa evaluación que en el arroz, base de la alimentación dominicana y actividad económica clave para miles de productores. Según Núñez, se han realizado ensayos comparativos entre productos ecológicos y convencionales, con informes y monitoreos que mostrarían mejoras en el volumen de producción, la calidad del grano y el sabor.
Un resultado así no prueba por sí solo que un producto sea superior. Hay que conocer las condiciones del ensayo y comprobar si se repite en otras fincas. Pero tampoco debería ignorarse solo porque cuestiona lo que siempre se ha hecho.
Los informes que no se conocen
Núñez sostiene que existen ensayos cuyos resultados no se han hecho públicos y que algunas instituciones han participado en programas de siembra con productos ecológicos. Si esa documentación existe, los agricultores tienen derecho a saber dónde está, quién la conserva y en qué condiciones puede consultarse.
No hay pruebas de que alguien oculte esos resultados deliberadamente. Pero la transparencia de la información técnica es una exigencia legítima, sin importar qué producto favorezca.
Más allá de una empresa
La agricultura dominicana tiene que producir alimentos y ser rentable, pero también cuidar el suelo y el agua de los que depende. El uso inadecuado de agroquímicos puede afectar ambos y representar riesgos para la salud de quienes trabajan en el campo.
Eso no significa que todo producto convencional sea malo ni que todo producto ecológico esté libre de riesgos. Cada uno debe evaluarse por su composición, su eficacia, su seguridad y las condiciones en que se usa. La discusión útil no enfrenta lo tradicional con lo ecológico. Pregunta qué prácticas dan mejores resultados y permiten producir de manera responsable.
Una pregunta para el país
La historia de Núñez va más allá de las ventas de D’Ecológico. Muestra la dificultad de quien llega con una propuesta distinta: lograr que el mercado y las instituciones la evalúen sin prejuicios. No sabemos hasta dónde llegarían las marcas Fungivol con mayor reconocimiento, ni conviene atribuir todos sus obstáculos a una sola causa. Lo que sí puede pedirse es que se publiquen los resultados de los ensayos, que se expliquen las decisiones y que se compita en condiciones justas.
A diferencia de los de Don Quijote, estos molinos no se enfrentan con una lanza, sino con información clara y accesible.
Al final, la pregunta no es si Cristóbal Núñez podrá vender más Fungivol. La pregunta es si el país está dispuesto a examinar, con hechos y sin intereses particulares, las alternativas que puedan ayudarle a producir mejores alimentos, cuidar su tierra y proteger la salud de su gente.
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