APOSTILLAS DEDUCTIVAS-11-: El soneto, la forma y el estilo de la poesía rimada al itálico modo

Federico Sánchez (FS Fedor)

Expresión de gracia musical, rítmica, virtuosa, el soneto ha sido escrito desde los tiempos de la literatura clásica hasta los últimos lustros. Sinónimo de balada, cántico melodioso, por su rima, es una composición poética compuesta por catorce versos de arte mayor (más de ocho sílabas), dividido en cuatro párrafos; dos cuartetos y dos tercetos.

El primer cuarteto presenta el tema del soneto, que puede ser amoroso, histórico, bélico, patriótico, nacionalista o fóbico (fóbico en cualquiera de sus variedades). El segundo amplía el significado temático; lo desarrolla, lo importantiza. El párrafo tercero, de tres versos (primer terceto), a través de cualquier ardid lingüístico, pero siguiendo la temática conceptual, reflexiona sobre la idea central. No obstante, expresa algún sentimiento vinculante, añadido al tema central, expresado en los cuartetos. El último párrafo, terceto final, da paso al ser sensible del poeta; esto es, concluye con una cavilación grave o con un sentimiento que perfila su ego, se inmiscuye en lo más íntimo de su ser. Viene, surge de su cavilación concluyente. Es lo que se llama su sentir, su ideología en torno al tema tratado. En otro sentido, su filosofía de la vida, de la naturaleza o del mundo circundante. Esto es, su arte poética.

De esta manera, el soneto clásico presenta la clasificación tríptica aristotélica aplicada a la narrativa y al ensayo: introducción, desarrollo y conclusión (este último en el último terceto), que de algún modo da sentido al resto del poema. Desde la época de Dante se ha cultivado el soneto. El escritor italiano Petrarca lo construyó con maestría, siendo uno de los sonetistas más influyente de su tiempo. En Italia se creó un estilo o forma que con el tiempo ha sido modificado, según el país, según el poeta, en la terminación de la rima principalmente, y en el conteo de silabas por verso, que puede tener doce, trece o catorce. Pero siempre conservando su estructura original: catorce versos divididos en cuatro párrafos.

El soneto, en lengua española, ha sido cultivado por sus principales poetas, en toda su historia. El primer intento documentado de adaptar el soneto a la lengua castellana es obra de López de Mendoza, el marqués de Santillana (XV), hecho al itálico modo, siguiendo el camino trazado por Dante. Le han seguido los pasos: Garcilaso de la Vega, Juan Boscán, Fernando de Herrera, Lope de Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Calderón de la Barca, Sor Juana de la Cruz, Cervantes y Saavedra. Este último hizo alardes de excelente sonetista. Posteriormente, en el Siglo XX, el excelso poeta Antonio Machado escribió excelentes sonetos.

El siglo pasado, en España, lo usaron los componentes de la Generación del 27, sobre todo Jorge Guillén (Ars vivendi), Gerardo Diego (Amor solo, Sucesiva), Rafael Alberti, Miguel Hernández (Echa la luna en pandos aguaceros). Y en América publicaron sonetos el insigne nicaragüense Rubén Darío (“Venus” es un famoso y celebrado soneto escrito en su juventud), el peruano universal César Vallejo (Los heraldos negros), el laureado Nobel de Literatura Pablo Neruda y el no menos famoso Jorge Luis Borges. Todos utilizaron el soneto sin resabios ni prejuicios, pese a ser un modelo métrico aparente, supuestamente desfasado.

Lope de Vega escribió un soneto haciendo una descripción de su estructura, que es el siguiente:

Un soneto me manda a ser violante,

que en mi vida me he visto en tal aprieto. Catorce versos dicen que es soneto:

Burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante y estoy a la mitad de otro cuarteto.

Mas si me veo en el primer terceto

no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando

y parece que entré con pie derecho, pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho que estoy los trece versos acabando:

contad si son catorce, y está hecho.

Mi libro: Ternezas, 50 Sonetos nostálgicos… y a veces tiernos (1988-1998), es un poemario con rimas asonantes y consonantes, escrito con versos medidos al estilo del denominado “Soneto clásico”, que es un poema (como especifiqué) compuesto de14 versos y cada uno, a la vez, con 12 y 14 sílabas (dependiendo del Hiato -separación de una vocal débil cuando está tildada y unida a una fuerte-; de la Sinalefa -unión de una vocal final y otra inicial en palabras sintácticamente seguidas-; de la Sinéresis – unión de vocales fuertes sucesivas en el interior de la palabra-; de la Diéresis – separación de vocales débiles sucesivas en el interior de una palabra), y hecho a la usanza española de la Época de Oro de Calderón de la Barca.

Los 50 Sonetos que conforman a “Ternezas” fueron escritos de manera esporádica, o sea, en diferentes épocas y en momentos de efluvio intelectual, emocional “poético” o “crítico” o “nostálgico”, es igual, entre 1988 y 1998; esto es, a lo largo de diez anchos años.

Algunos fueron publicados en boletines informativos menores, otros en “pliegos sueltos” para amigos, familiares y “chicas” de amores furtivos, y otros, los más, son inéditos, y que han sido desempolvados, sacados del baúl de los “deshechos”, y ahora “contrahechos”, esperando que ustedes los reciban bien “derechos”, cada uno con sus

14 versos, y así, ahítos, los disfruten como Dios manda: “entre dicho”, pero… lecturándolos a la luz de la luna, o bajo una lucecita lamparil, mientras posan su “entreverada” cabeza sobre almohadas, o declamándolos al pie de un ventanal, tomando precaución…, por si acaso les contestan con algo inadecuado, humectante, no vayan a darles una tremenda conmoción, o una gripa, nada recuperable, ¡qué gran emoción!

A continuación presento diez de los 50 sonetos:

  1. Siento tu cuerpo con idilio o candor

Siento tu cuerpo con idilio o candor dentro de mí, como sierpe marina que enhiedra mis sentidos,

y es ilusión, pasión, la lujuria que siempre anido, toda esa fáunica gracia al caer la lluvia sobre ti.

Siento tu cuerpo como el suave olor del naranjo, que va expeliendo su existencia, su fragancia,

remozando todo lo que tocas, tu visión, tu estancia, tu existencia, el recuerdo que me persigue, si ando.

Siento tu cuerpo de mariposas desde el levante, como aves descendiendo del aire hasta mis labios, como yerbajos renaciendo en flores en tu boca.

Siento tu cuerpo ardiente como no sentí antes, desde tus brotadores pechos, ágiles, sin resabios, desde que sentí tu piel, tu roce y tu risa loca.

  • Tu voz

Tu voz en la distancia incursiona mis sentidos, alimentando mi alma en esta larga espera,

y recuerdo tu mirada, tan volátil velera,

que no hay ley o fuero que impida este olvido.

A veces tus ojos tristes, círculos de verde olivo, llegan a mi mente, agitándose, queriéndome, como en noches de pasiones, intimidándome, y me entristecen, o me alegran, son mi alivio.

La madrugada se encierra en tu rosa piel, pura, y como luciérnaga que se agita, ágil, de noche, ilumina el camino por donde te busco, perdido.

Y no doy con tus cielos ni tu techo, !qué amargura! y rastreo tus estrellas, tu luna, tu tierno reproche, para recuperarme, devolverme tu gesto ya ido.

  • Sueños de primavera

Un recuerdo clave, de noches aún suspendidas, como el sol asomándose por tu vientre, aleve, llega hasta mis insomnios que te dan esa vida,

y tus ojos ahí, reverdecidos como el mar, muy breve.

El sueño se me espanta con tus fieros alaridos, cuando sueño con la luna, con el viento, contigo, porque a veces gritas como si me hubiera ido,

y a veces gimes porque estoy y no estás conmigo.

Cae lenta la lluvia y en mis sueños se vierten nieves, copos de nubes que recorren tus amplias mejillas, gotas de tus ojos que me despiertan, consumido.

De nuevo un sueño, de noche amarga, surge leve, y cae, desde tu boca, una lozana mantilla,

la que crea mis sueños y tú y yo así, más unidos.

  • Eras, eres…

(“Solías ser frutal, señora mía, de elevados pechos turbulentos, y desde luego de amapolas…”

-Pedro Mir-).

Solías ser como el agua de Pascua, frutal, frondosa en las frías madrugadas, entrega total, jugosa en tu abertura labial con cánticos y versos, apetitosa en cada mordisco, en cada embeleso.

Eras primavera en flor si tus silbos cantaban, un espejismo que eludía aves que danzaban, el trastorno de perecer, sonata de placeres

y desde luego el manantial que cae en miserere.

Aún sueles ser ángel que posa, la flor que adoro, un murmullo que transita mi sexto sentido,

la amapola que emerge desde el fondo del fango.

Eres calleja marginal en mis corridas de toro, el sol que no aguanto, el camino no recorrido,

esas cosas aún no dichas, como hojas de mango.

  • Dudas aún oscuras

Entrampado en mi interior una duda aflora

y con dolor resplandece mi descaro, mi ansia, una existencia que te implora, una vida rancia, en cada amanecer que te sueño, sin sol ni flora.

Ensimismado como frígido viento, me enviste, me acarrea esta esencia que se refugia en ti, y cada primavera luego emerge en tu cutis, con tanta pasión que me aloca, que no resiste.

Pero la nostalgia corroe la tristeza, y lloro,

se embarga en mis ojos tu ausente y fugaz luz, que se apaga, se aleja, no brilla como el oro,

y en la oscuridad, la negra noche no ayuda, tonadas asilvestradas esgrimieron un Ángelus,

y en el entorno me aplastan, inmerso en mis dudas.

  • Noche oscura en tus verdes ojos

La noche se aferra a tu piel como ráfagas, y el silencio de la luna enlutecida, áspera,

te revuelve con sus rayos lascivos, y su lumbrera, en tanto yo, osco, me aferro a lo que tú hagas.

La noche trina sobre tus tiernos ojos verdes, y la vastedad del entorno que asimilo, entorpece con su miserable grito de lila

todo lo que aspiro de ti, lo que más recuerde.

La noche revierte tu trigal cabellera de rojo,

y antes del albaluz luciérnagas fosforescentes envilecen la soledad que yace en ti, lejos.

La noche amanece triste como yo, sin tus ojos, y el sol candente, con sus fuegos envolventes, nos devuelve de una realidad su sabor añejo.

  • Aún no me acostumbro

Una mirada íntima se insertó en tu anhelo, un deseo intenso afloró en mi soledad,

mientras una lluvia ínfima, llena de intensidad, cubría tu vientre lozano como un velo.

Mis dedos escarparon tu vuelo con rapidez, temblantes deslizáronse hacia un mar inmenso y mi palpitante corazón, miedoso, tenso,

se desangró en su pecho, en su leve aridez.

El sol te deslumbró en la ventana, pálida, al parecer la noche no te fue fiel, suntuosa,

y lágrimas sin sentido se posan en mi lecho.

Muy corta fue mi dicha en tenerte, cálida,

y aún no me acostumbro a una pasión dichosa, mas tu mirada siempre estará aquí, en mi pecho.

  • La música continúa

La música se envolvió en tu más leve túnica, el vergel floreció en su cándida humildad,

un silbido de aves, breve, selló tu rúbrica,

y tus ojos se encendían quemando la humedad.

Cada tarde apareció como una flor que arde, cada noche quebró un silencio sin reproche, el trino del alba surgió sin sol, sin alarde,

y tus labios se encendían quemando sin derroche.

Un cielo tembloroso, expansivo, doloroso,

me derribó de un dardo, como a David, el Coloso, y tus manos se encendían quemando estas penas.

Tu mirada de fuego inventó las reglas del juego, como la lluvia limpiaste mi camino, luego,

y tu rostro se encendía quemándome apenas.

  • Un deseo inmenso envolviome en tu noche

(“Una luz infinita nos acercó en la noche,

una pasión suprema pobló nuestra ansiedad.”

-Alberto Baeza Flores-).

Un deseo inmenso envolviome en tu noche; una pasión suprema incluyó tu festividad; cada ilusión aclimató un dulce derroche,

y mi ansia, diluida, se pobló en la soledad

En cada delirio un lirio refleja mi quimera; un desvarío infinito cree asume tu bondad;

desvarío veraniego que emerge de vez primera, y mi sueño, extenso, irrumpió en tu soledad.

Como a tanto desvelo aún no me acostumbro, una angustia me maximiza, y me deslumbro, incendiando mi congoja, estos ojos de soledad.

Una codicia lujuriosa, en fin, me desvela; cada agitación disminuye tu drama de novela y vivo mi zozobra, esta angustia de soledad.

  1. Recuerdos grávidos de aquel abril

(¨Abril es el mes más cruel.¨ -T. S. Eliot-.)

Te esfumarás de mis sentidos con rapidez, así como en marzo entraste y se fue abril, aun cuando la luz insaciada se quiso abrir,

te escapaste, tan cruel, ¡oh, sombra de sordidez!

Abril será tu sino de recuerdos grávidos,

tan amplios, tan pérfidos a ratos, como sus signos, o como tu pésima canción; mas si me indigno

ya no seré torpeza, ya no habrá más alaridos.

Caerán tronadas y hojarascas del azul cielo; desde el desván de tus ojos relámpagos llegarán; inmenso en su madriguera un topo roerá.

Y ya no sabrás de primavera ni el mar lo verás; como al desbocado caballo tus alientos caerán y tu imagen se volverá tristeza, puro hielo.

El autor es periodista, publicista, cineasta, catedrático, escritor (poeta, narrador, dramaturgo, ensayista).

E-Mail: anthoniofederico9@gmail.com. Face Book.

Wasap: 809- 353-7870.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

8 + 16 =