1. La mirada en el espejo
Esta mirada es un deseo, una necesidad / que me brota por todas partes, por cada poro que aborda, / en las estaciones lluviosas que me abruman, / en los márgenes de una vida que apetezco. / Un valladar de caricias insidiosas es. / Esta mirada surge como todas las miradas sin fin, / en tanto cascada cayendo a la deriva. / Es un sol calcinando mis ojos, más que mis mejillas; / suntuosidades de la vida, de donde animoso en una noticia / se reportan mis cualidades, y me vanaglorio en la ansiedad. / Esta mirada, futurismo con espejos para desdoblarme, / para inmiscuirme en el fuego lento de su luminosidad, / rayos o centellas o flashes que encandilan todo el cuerpo. / Una flecha retornando al lado oscuro de mi habitación. / Una vela encendida, que me eyacula desde la conciencia. / El termo con calor líquido goteando por la superficie /
con que así mismo se ilumina en el reflejo de la adultez.
Esta mirada es el mismo espejo, la incertidumbre de cada noche / si no poseo el excedente de la supervivencia. / Mi mirada y yo, más el espejo, conjunto de escarchas desprendidas, / esparcidas por mi cuerpo, por mi espíritu, que polucionado de tristeza / desaprovecha cualquier envergadura que insufla la sociedad; / esas escarchas se creen dueño de mi destino; insensato es. / Son mi espejo y yo un tormento con ansias /
resurgiendo desde la superficie del vidrio, / el tentáculo que me estrecha cada vez más con su rocío matinal; / arena de mar que se filtra en la imaginería de mi tortuosa mente.
-II-
Este espejo es viento de sí por todas partes. / El espejo es un dinamo encendiendo mis pestañas, / lujuria en cada año, desde que medio loco de emergencia me disparo / fuegos con trozos de lluvias para llenarme de frío. / Este espejo es un aura… ensimismado de espejos, / una mirada múltiple brotando desde sus propios espejos, /
soplo de vida con volutas esparcidas en su propia vida, / reflejos de viento en una sala de espera / en donde el viento arremete con sus espejos de vientos. / El espejo y sus espejos, miradas altivas de payaso triste.
Este espejo, y su mirada, no tienen ánimo de devolverme mis recuerdos; / son remotos sus pasados y sus signos vitales de sobrevivencia. / Es una lluvia de cristales, como un río que aglomera mis miradas, / y sus aguas, que ahogan esta existencia mía, me conduelen, / bueno, es mi consuelo y mi sabiduría, / y el mar que va desbordando mis sabanas, / como en la tempestad que se anima removiendo mi yo y mi circunstancia, /
atmósfera posada sin días nublados.
Este espejo, la mirada, en su esquiva resurrección, / permanece como el llanto ante los ojos del mundo, / en su ramaje de tristeza, en su inundación, /en sus arcas sumergidas a la caída de sus remos.
El espejo y yo, o mi mirada en el espejo, se pierde, / se ahoga en mi luz, y desde mi luz se vuelve luz, / o azul como el azul gris, como una génesis de sí mismo, / se vuelve diván en mi locura, lucidez en mi psicoanálisis, / ruptura en la rosa, o violeta, o silueta en el naranjo, / oscuro en el color de la humanidad, que expira, / humano si esquiva la mirada que la retrotrae de la miseria, / de lo infantil en su llanto, en su dilema existencial.
-III-
Sé que este espejito no siente ni padece. Humanoide es; / un espécimen de lo absoluto; / como género tiende a ser un fiasco, / porque lo humano único es. / Sólo posee residuos de escarchas en su juicio de yodo. / Sólo tiene brillo de luz en su imagen que cuida a su placer, / y en su silencio y en el plateado de sus ideas. / En la oblicua mirada de su brillantez, plural, /
subyace la ideología del pensante, de lo anonimato; / en su sesgo matinal aminora la distancia / cada vez que sus aduladores lo atiborran de mimos, /
de gestos o de muecas simiescas, / cada vez que se miran en su superficie subjetiva.
Sé que este espejito es un nimio mimo del infortunio; / un cacofónico ventrílocuo de murmullos y su silencio, / de imágenes difusas y vocálicos deseos que no se pronuncian, / de raros jadeos jactanciosos que se ocultan en cada mirada. / Un retrograbado de la insolencia; / la ilusión de encantamiento; un espejismo de sí mismo, / poseído por el desierto, repleto de arenas pundonorosas. / Inhumano es, en tanto no siente ni padece.
Sé que este espejito no es un ánima. / Y toda ánima anima al mito. / Y todo mito es leyenda que inventa la existencia. / Y este espejito me devuelve una inconclusa, una mala silueta mía, / una ilusión que irrumpe cada mañana / para que mi ambiente no se derrumbe, / para que la esperanza no perezca ante tanta incertidumbre, / ante tanta invención de la aventura, / para que no se proclame la ley de Damocles / sobre la sobrevivencia que se concluye en mí. / Sé que inventa que existo.
Sé que este espejito es dolor, es doblez, es sumisión, / que soy una terrible imagen, un esperpento suyo, / que irrumpo en su superficie de camaleón / y refleja estulticia incomprensible, mi mala conciencia / de distorsionarlo todo, de criticarlo todo. / Y antes que la palabra, que intento pronunciar / con ritmo y diletantismo indecoroso, / me devuelve una mirada de escarpelo, / que cada vez que amanece / intenta mirar un horizonte menos fugaz, / menos incandescente, menos clarividente.
La mirada en el espejo, nocturnidad es. / Un pasado pasando revista a los recuerdos de la nada. / La soledad, el insomnio, miedos mirándose entre sí, / hinchándose, ardidos de atardeceres, de campanarios / que retumban el silencio de la noche, molestosos.
Escasa la mirada, opaco el brillo y su reflejo, / en el espejo surcan espacios repletos de luz y su incandescencia, / henchido de rayos y su fulminación ante la antesala del universo, / que es oscuro, que es inmenso, que es soledad.
-IV-
Espejito, espejito, dime, a ver, sólo por curiosidad, / entérame, aún sea sobre murmullos y estampidos, / ¿por qué me miras así, como si el norte no existiera, / por qué me devuelves esa pobre figura que no poseo, / esa inquietud que aprisiona el alma, / que intenta inventar un nuevo amanecer?
¡ Ah!, ya sé, sólo es mi mirada triste. / Sólo es la pesadumbre que se aposenta en este rostro mío, / y tú, espejito, espejea la calamidad, el insomnio / de este mundo de nostalgia que se refleja en mí.
2. DE PORCENTAJE Y SUS SOMBRILLAS AMARILLAS
Supongo que ya es muy tarde en la noche / y en este sinuoso verano /
las voces de los niños perderán su otoño, / con sus nubes grises y espectaculares. /
Entiendo que el asalto al cielo / aún no ha sido posible; / nubarrones imperceptibles impiden / que una voz se levante con sus proclamas no dichas / y mucho menos aceptadas antes de su tiempo previsto.
El valle húmedo se siente temeroso en cada pisada, / en cada caminata, en cada momento de su perennidad, / en el instante que la multitud inventa el asedio.
Y es que sombrillas amarillas asaltan el horizonte, / provocan la suspensión de la agenda estatal, / se inmiscuyen en las decisiones tardías de los caudillos; / quise decir, de los candidateables que no vacilan en sus promesas, / en tanto un signo porcentual estremece los vientos al 4%; / eleva los paraguas hacia la vaguedad de los cielos. / La inquietud se apodera de las escalinatas del palacio, / que se estremece, y sus adictos, enfurecidos, / imponen el silencio, consumados de miedos.
El naranja tropical revierte su torbellino / al canto de sirena de la susurrante muchedumbre, / que piensa, pero muy a su pesar, / en la calidad de vida del futuro incierto, / en los abismos que no se cierran, / en la testarudez de los administradores y sus pasiones, / de los súper ministros y sus flamantes acólitos preferidos, / que trabajan como hormigas, pero para sí, / y siembran semillas que paren iniquidades y sinrazones.
En tanto los afortunados de la marginalidad / reinician su inicua vida acostumbrada, / con sus deseos, sus necesidades de insatisfacción.
Ya es tarde en la noche y en este rígido invierno / las lágrimas que nos dio el otoño desataron sus furias / contra la inmensa colina que, como valladar, / impide el avance inexorable del desarrollo. /
Aun así, los convocados, con ansias, cánticos y algarabías, / proclaman su designio al cuatro por ciento.
3. MAYO HUMECTANTE
La tarde sufre su destino de lluvias / y en esta habitación, que se humedece de silencio, / pienso en la bitácora consuetudinaria del tiempo, / que habla del arremetimiento que anega las favelas citadinas / o las aldeas de la resignación y sus ajuares. / Las gotas de las alturas y el lodazal de las colinas / agobian los suburbios y sus traspatios enfurecidos. / En las aceras, enceradas de surcos y hoyuelos, / con sus huellas diminutas, que revelan el sufrimiento, / las aguas corren con aspaviento al descuido / y allá, en los montes que adyacentes silban y sus hojarascas, / techos lacustres boyan los surcos sin zancos ni milagros.
La certidumbre se nubla con un solsticio de luna, / que diluye la fe en el vacío, / y como a horcajadas sobre el miedo, / espera que la noche arremeta con sus furias de fríos.
Como el sol, calcinante, una mirada espera / que el desierto despierte su arenazgo / y se trastrueque en semillas reverdecidas; / pero aún no es el tiempo adecuado, y en la parda noche / los nubarrones celestes abundan en las plazas, / que por desiertas incentivan el oráculo de la inclemencia.
Tras el amanecer, otro día nos dirá / que en soledad, el sol seguirá su agitado curso, / y las anegadas calles ensordecerán sus cráteres de sombras.
De: LA MIRADA EN EL ESPEJO -Poemas de la incertidumbre, 2014.
El autor es Periodista, Publicista, Cronista de Cine, Catedrático -universidades O&M y UTESA–. Escritor -Poeta, Narrador, Dramaturgo, Ensayista-. Se declara Humanista Universal. E Mail: anthoniofederico9@gmail.com. FaceBook: Federico Sánchez. Wasap: 809-353-7870.
Descubre más desde Notiultimas
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
