Sin asombro ni embebido…, no te rindas ante la circunstancia adversa

APOSTILLAS

Federico Sánchez -FS Fedor-

Como lo oyes, no te rindas, al menos al primer instante, ni vaciles ante la atalaya a la que enfrentas, atolondrado. Empodérate como puedas, ni huyas del tiempo y sus medidas. Quizás no naciste en una familia poderosa, pero no es motivo suficiente para que deponga tu sueño. Al menos, no te amilanes y, dentro de lo posible, sigue el camino que has de trillar.

Tarde o temprano verás el fruto del sacrificio. Sabemos que los que nacen con el maná asegurado tienen las mejores y mayores posibilidades para triunfar en la vida, pero aun así no te quedes tan sólo en una tentativa árido solar; riégala aunque sea con sudor o lluvia inesperada, escasa, que fructificará esa idea que tanto anhela.

No te acobardes, ad infinitum, si hay una situación dialéctica de confusa contradicción, que te mutila como a un ave sin nido, o si te despiden del trabajo, con pocos emolumentos de las pocas prestaciones laborables disponibles, o si el desamor te ha caído atrás como una verdolaga, dejándote sin señas identidad. Los desatinos de la vida son normales, pero puedes ver una luz al final del túnel que debe aprovechar y salir indemne de ese círculo vicioso que te atormenta. Sólo aplícale la lógica de la razón, del pensamiento complejo –diferentes puntos de vistas de análisis social–, y así es posible que lo logre.

No te rindas, óyelo bien, que más hacia adelante florecerán otras primaveras que te conectarán con otros tiempos, que podrían ser más placenteros, que ni lo imaginas, que podrían ser más activos, más fluorescentes, más geniales y florecidos. Y a la sombra inquisidora, prepotente, arrogante, punitiva que cruza la ciudad y que atraviesa tu existencia, no te le inclines ni doblegues, préndele la luz de tu fortaleza, aunque tú sientas que te encorvas, que estás débil y solo. Incapacitado. Más tarde que temprano emprenderás el camino que has de trillar aún a contracorriente.

No, no te rindas ni huyas del que te ofendió con palabras picantes y sin sentidos. No le pongas la otra mejilla, ni permitas que se repita, asume valores y valentía inusitada. Y si el salario te lo tienen estancado, decídete a solicitar un aumento, prorrateando, con esa actitud, tu tiempo laborable, que si al patrón no le gusta y resuelve liquidarte, entonces disfruta tu cesantía y no mires hacia atrás, que más para adelante vive más gente, que podrían recibirte con los brazos abiertos.

No, no te rindas, que la primavera siempre volverá con sus cardos encendidos repletos de luz y calor, de color anaranjado o amarillento, como el cielo en su tarde crepuscular.

Y debes saber que, bajo cualquier circunstancia, se vale todo, menos afligirse. Ni mucho menos inmutarse insensiblemente. Pues hay que sopesar cada fenómeno, adverso, abyecto, advenedizo o favorable.

Si te sientes en medio de una anomalía, como si te envolviera una paradoja, no te aflijas, déjala pasar. Por qué no ser hipocondríaco y recetarte el medicamento apropiado, como una salida al campo, o beberte una infusión de canela, o quizás leer los poemas de Neruda o Vallejo, quizás de Bertold Brecht. Qué le vamos a hacer, si los más afamados viven en una cursilería constante, en vez de aprovechar sus famas y su abundancia monetaria para educar a los demás en algo más sustancioso para la nuestra civilización. Quiero decir: ser más humano.

Si se la pasan, horondos, exhibiéndose en bikini para mostrar sus valores, sus plusvalías económicas, entonces, ignóralos, y sigue adelante, sin desazón y con entusiasmos indescriptibles.

Si vas a rezar, que sea por algo posible, realizable, aquí en la tierra, no en el séptimo cielo; de modo que no se quede en un mundo etéreo, demasiado celestial e inalcanzable.

Si te encuentras en un abismo, o sobre una columna enorme, como si fueras a marearte, no te aflijas, querido humanito, no llores más, y menos si serán lágrimas de cocodrilos, y rebélate contra las inmundicias, y todo lo que te rodea, que infecte el ambiente, todo que huela a sordideces.

Y no, no huyas… y aprovecha el Carpe Diem del tiempo grosso modo, o sea, al máximo.Y entierra el miedo, acepta tus designios terrenales, que el cielo está muy lejos para hacerle una visita que puede ser muy martirizable.

Libera pues tu mente y alza el vuelo, libremente vuela hacia tu resiliensa. No le temas a una vida sin salvoconducto, que el tiempo avanza y puedes inequívocamente desandarte por un redil irresoluto.

Si vas a viajar no temas a tu pesado equipaje, lo liviano es posible si aligera tu mente de problemáticas, de condiciones existenciales que no te llevarían a ninguna parte agradable.

Sigue tus deseos de soñar… No cedas. Sigue soñando. Enciende la mirada y la llamarada de tu ser… y que en ese sueño incluya el bien para la humanidad toda.

Vuelve tu deseo un bumerán placentero. Olvídate de lo frio o lo caliente de tu piel, de lo difícil que pueda ser la vida si al final la salida es buena. Sustantiva. Posible.

Si hay una urticaria en tu estómago, y te molesta al sentarte, y si lo ves como un mal posible, imposible de resolver y crees que es un mal mayor y sientes que la ecuanimidad de la pobreza es un mal peor, y que el ocio no lo has elegido a voluntad, y sientes que todo aquello que no es de tu incumbencia a veces te molesta, que una situación no te convienes y ya no tiene sentido envolverte, entonces por qué renunciar, a priori, a tus salvoconductos y hacerte el inocente. Sería un fastidio bochornoso que algún día lo lamentaras. Por lo tanto evita esa nostalgia posible… huyendo de tus compromisos inconsecuentes.

Y sí, ayuda al prójimo dentro de tus posibilidades. Pero hazlo sin interés y con sabiduría.

No hay mal que por bien no venga.

No te cierres las puertas y enfrenta al enemigo con osadía, y devoción eterna. No bajes la guardia ante un acto represivo de cualquier índole, económico, político, policial, amoroso.

Sed misericordioso sin mirar a quien. Si se quema tu mano derecha, enciende otra llamarada con la izquierda, o el pie, de ser posible.

No te amilanes frente al desasosiego y despliega tus alas anchas tras el cielo ante las vicisitudes de la vida. Sabrás hacer antesala a que llegue tu esperado momento con pudor y astucias.

No huyas de los extremos, pues al final del camino podrías ver concretizada la luz de la ilusión, de tu espacio soñado.

No, no desertes de la yola en zozobra. Avizora, salta y avanza hacia una costa a la vista, que nuevas tierras que abordar te esperan.

Y finalmente… debo decirte que cultive sin ansiedad la famosa frase de Horacio:

Carpe Diem, o sea, ¨Aprovecha el Tiempo¨, y no huyas hacia el pasado remoto. Asimila el presente que es más  provechoso. Y divertido. Sí, divertido.

El autor es Periodista, Publicista, Cronista de cine, catedrático de universidades O&M y UTESA–. Escritor –Poeta, Narrador, Dramaturgo, Ensayista. Se declara Humanista Universal.  FaceBook: Federico Sánchez.  Wasap: 809-353-7870. Email: anthoniofederico9@gmail.com.    


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