APOSTILLAS
Federico Sánchez -FS Fedor-
Si te preguntas, con énfasis y buscando algún beneficio de consolación, para qué sirven los poetas, pues, a decir verdad, y a desgana, debo decirte, sin enfados, que, en aportes a la economía, no somos muy prácticos, por no decir un fracaso.
Los remedios, como el pez en tierra, no son nuestras especialidades; nos falta oxígeno de farmacopea; somos como una salamandra descolorida. Un ciempiés desequilibrado.
En términos mecánicos y eléctricos, uff, no servimos para nada, ni para dar corrientazos de reanimación. Y para asuntos de enfermedades, ni se diga, otro fracaso. En cuestiones leguleyas, y penales, pues, para qué decir, o argumentar, no hay peros que valgan, somos más sobreseído que poseído de astucias, y quizá, y sin quizás, más que un lunático.
Sí, somos entes fallidos en muchas cosas, sobre todo en cuestiones que conlleven
arduos esfuerzos físicos, como un atleta, que da saltos imposibles, o como un pelotero, cuyos batazos albergan millones de dólares. Mucho menos un futbolista
con sus traspiés inimaginarios, o un basquetbolista saltarín, burlón, haciendo cabriolas preciosas por los aires, como una gacela.
¿Y qué decir de un carpintero y su martillo impoluto, y del albañil y su escuadra perfecta, o de un carnicero aserrando la banda trasera de una res extrema, o un correcaminos de seguros asegurándose de llevar los chelitos para los alimentos diarios, o un visitador a médicos, arrastrando su mochila negra llena de medicamentos gratis, con promoción ofertado al 2 x 1…? Pues, ni se diga, en esos menesteres mundanos, somos un fracaso total, aun pensándolo en voz alta, o como en un sueño.
¿Y qué decir como endeble contable, envuelto en papeles cuadriculados, adornados de orlas y asteriscos, y rodeados de lapiceros azules y rojos, y recibos con anotaciones de gastos fijos, e ingresos y sumas por cobrar? Pues para qué te cuento, nadita de nada. Un desanime, un perdedor en bandolera. Un inminente dislocado, un ente fallido. Un cuento rojo mal contado. Un cheque sin fondo o futurista ad infinitum.
¿Y en términos monetarios, como banquero altivo y arrogante, o cajero ágil y bondadoso, o financiero de alta gama, o prestamista que resuelve al módico veinte por ciento, o analista de mercado en un libre mercado competitivo, lleno de subterfugios y oportunidades? Ni modo, en ese sentido no estamos ni estaremos a la moda; en todos esos mecanismos somos un cero grande, siempre a la izquierda, aunque algunos poetas sean de la derecha en términos político-ideológicos, que no es un desliz, tan sólo una escogencia de su libertad de elegir, en su aparente mundo libre y sumiso.
Ni qué decir, que escribiendo poemas alcanzarás la montaña mágica de la abundancia, la cornucopia monetaria de este ruidoso mundo que esputa monedas hasta por los poros, según dicen… Sería un equívoco imperdonable.
¡Ah, pero te tengo una sorpresa, estimado lector!
Sí, asómbrate, pues se trata de una sorpresa muy utilitarista, un invernadero seguro. Quiero decir, que podemos hacer muchas otras cosas, aunque nadie lo crea, lo imagine o tan siquiera débilmente lo piense.
Como poeta, veamos, podemos, con argucias mágicas, con solidaridad, sí, con truculencia o sin ella, podemos crear conciencia sobre cualquier tipo de oprobio que esté cometiendo un ciudadano troglodita. Podemos luchar por la paz en el mundo, por la libertad, la solidaridad, y demandar sentido estético para la belleza, aun sea una tragicomedia, una farsa o un cursi poema de amor.
En sentido sui géneris, podemos, veamos otra vez, exigir públicamente, sin temor al miedo, al desahucio social, oficial, o multipolicial y sus devaneos…, podemos, y repito hasta morir, demandar una caterva de pulcritud en las administraciones públicas, para que no sean impúdicas. Sobregiradas. Cesantes.
Podemos levantar el ánimo a los desarropados, los minusválidos, ofreciéndoles solidaridad en cada situación que los desestimen, en cada narrativa de oprobio que los opriman, y ayudarlos a allanar el camino llenos de abrojos, a abonar una salida con decoros, y plenas satisfacciones en sus demandas justas. A que se aúnen y se unan en sus destinos comunes hacia una mejor y no afanosa vida.
Pues sí, en tanto poeta, podemos protestar, incólume o débil, contra el maltrato a la naturaleza, y cantarles aleluyas a sus floras, y a sus faunas y su biodiversidad, a su riqueza prohumana, revitalizándola, como el aire que nos solivianta, como los alimentos que nos animan, como la lluvia que nos limpia, sin que superficialmente nos aneguen o intimiden, como el sol que nos desentuma y nos calenturienta, sin maltratarnos el cráneo; sabemos también solidarizarnos con los animales todos, en sus variedades y colores, que permita mejorar su inmunda, evolutiva vida.
Para eso, y mucho más, sí servimos los poetas.
¡Ah!, que concesión más grata, la que se nos concede.
El autor es Periodista, Publicista, Cronista de Cine, Catedrático universidades O&M y UTESA–. Escritor -Poeta, Narrador, Dramaturgo, Ensayista-. Se declara Humanista Universal. E Mail: anthoniofederico9@gmail.com. FaceBook: Federico Sánchez. Wasap: 809-353-7870.
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