Tienen opinión desfavorable de Netanyahu 60% de adultos // Cabilderos de Tel Aviv buscan retener su incidencia en Washington con gasto millonario en influencia digital y relaciones públicas: escritores
Washington y Nueva York.- Los ataques sorpresa de Hamas y la Jihad Islámica del 7 de octubre de 2023 provocaron inicialmente una ola de apoyo a Israel en Estados Unidos, pero la respuesta genocida de Tel Aviv en Gaza propició un giro tal vez sin precedente en la opinión pública con números crecientes de personas –-sobre todo menores de 50 años de edad, incluidos jóvenes judíos– que cuestionan el apoyo de Washington hasta ahora casi incondicional.
Esto causa alarma a sionistas y defensores de Israel, quienes hasta muy recientemente y desde hace décadas contaban con una opinión pública estadunidense mayoritaria –entre 59 y 64 por ciento– favorable a ese país. Pero los bombardeos y el uso de fuerza militar masiva contra la población civil trasmitida en vivo están cambiando estas tendencias.
Una encuesta del Pew Research Center registró que 60 por ciento de los adultos estadunidenses ahora tiene una opinión desfavorable de Israel y una mayoría, tanto de demócratas como republicanos menores de 50 años, califican de manera negativa tanto a Israel como al gobierno de Benjamin Netanyahu.
Sin embargo, la creciente ira pública frente al genocidio israelí en Gaza no se ha traducido hasta ahora en un giro en la cúpula política de Estados Unidos. Aún después de que el número de muertes de palestinos alcanzó las decenas de miles, La Jornada observó a defensores del estado de Israel ondear banderas de ese país en la arena de la Convención Nacional del Partido Republicano; también se suma la decisión de la candidata presidencial demócrata Kamala Harris de negarse a permitir que hablara ante sus partidarios a ningún representante o defensor del pueblo palestino, incluyendo un médico.
Esa decisión de Harris podría hablarle costado la elección en noviembre de 2024. “Un 29 por ciento de personas que votaron por Biden en 2020 y no depositaron boletas por Harris en 2024 indicaron que la guerra en Gaza era la razón principal” de su abstención, reportan Eli Clifton y Ian Lustick, autores de un nuevo libro titulado Israel’s Lobby. Eso fue aún más notable en Michigan, uno de los seis estados críticos que ganó Donald Trump en 2024.
El cada vez más intenso cabildeo, inversión multimillonaria en campañas políticas y propaganda de organizaciones y proyectos colectivamente conocidos como el lobby pro Israel en Estados Unidos, sin duda es la más efectiva y poderosa de todos los esfuerzos para influir en la política exterior estadunidense, enfrenta hoy día su mayor reto ante el giro adverso a sus intereses en este país.
Aunque se conocen extensamente las inversiones en las campañas electorales y cabildeo de la clase política, las actividades de influencia del lobby israelí no se limitan sólo a políticos. Por ejemplo, The New York Times, reportan Clifton y Lustick, giró instrucciones a sus periodistas que cubrieron la guerra en Gaza y sus alrededores, evitar usar el término “territorio ocupado” y “limitar el uso de los términos genocidio y limpieza étnica”, también evitar en general el uso de la palabra Palestina. Los periodistas también fueron aconsejados a “pensarlo bien” antes de usar palabras como “matanza”, “masacre” y “carnicería”, aunque como señalan los autores, “tales términos eran regularmente usados para describir el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023”.
En 2025, el presidente Trump incrementó dramáticamente el apoyo estadunidense a la guerra en Gaza, endosando las campañas de bombardeos de Israel en Líbano y finalmente lanzando una guerra contra Irán a insistencia de Netanyahu. Al mismo tiempo, el republicano adoptó la estrategia del lobby israelí de calificar cualquier y toda crítica a Israel como “antisemitismo”, y lanzó una campaña que obligó exitosamente a grandes empresas y algunas de las universidades más grandes y prestigiosas del país –entre ellas Harvard y Columbia– a despedir empleados y expulsar a estudiantes que se atrevían a criticar a Israel.
Pero Tel Aviv no cuenta con la lealtad de todo el sector conservador. Hay crecientes grietas dentro del Partido Republicano sobre la política de apoyo incondicional, con militantes influyentes cuestionando abiertamente el envío de fondos estadunidenses a Israel y sus guerras en lugar de usarlos en este país.
Ante todos estos desafíos, el lobby israelí ha cambiado algunas de sus tácticas. “Incapaces de presentar de manera convincente los extremos de la violencia de Tel Aviv como autodefensa o una respuesta al antisemitismo, ahora representa ataques contra ciudadanos de ese país como agresiones contra la civilización misma”, escriben Clifton y Lustick.
Así buscan presentar que “los estados israelí y estadunidense entonces son socios en una lucha épica para preservar la civilización occidental y los valores judeocristianos en la que, dicen, está basada, en contra del barbarismo radical-islámico-neo-marxista”.
Por primera vez en décadas, el propio Estado de Israel también empieza a buscar relacionarse directamente con grupos de cabildeo en Estados Unidos con el objetivo de “mejorar” su imagen. Investigadores en el Quincy Institute –centro independiente de análisis sobre política exterior– reportaron recientemente que el gobierno de Tel Aviv firmó un “contrato de influencia digital y relaciones públicas” por 45 millones de dólares con una empresa dirigida por Brad Parscale, el ex coordinador de la campaña electoral de Trump.
Además, el gobierno de Tel Aviv también paga a “influencers” con hasta 7 mil dólares por cada post en redes sociales, como Tik Tok e Instagram, para difundir declaraciones de apoyo a Israel.
En las pasadas dos décadas, el lobby israelí ha logrado tener nuevos aliados: redes enormes de sionistas cristianos de derecha que justifican su apoyo al señalar que el establecimiento de un estado isrelí en Medio Oriente es una precondición para que se cumpla la profecía bíblica del regreso a Jesucristo. De hecho, el grupo más grande de apoyo sionista en Estados Unidos no es judío, sino cristiano con sede en una megaiglesia en Texas.
Pero aún entre estos sectores el apoyo se está desvaneciendo. Un sondeo de Pew Research registra que opiniones favorables del gobierno israelí entre evangélicos blancos se desplomó de 71 por ciento en 2024 a 57 en 2026.
Es más, Netanyahu está provocando una baja en el apoyo a su país, aún entre judíos: una mayoría, 56 por ciento, de los estadunidenses de esa religión tiene poca o ninguna confianza en el primer ministro en asuntos internacionales, registró el sondeo de Pew este año.
“La dramática erosión de apoyo por Israel del público estadunidense ya inició y no muestra señales de frenarse”, afirman Clifton y Lustick. Pero advierten que en el sistema político estadunidense siguen abiertas las oportunidades para invertir en políticos y esfuerzos de influencia en el ámbito cibernético. “El objetivo es captar el poder local para servir las ambiciones de lo que se ha convertido en un Estado canalla, cuyo primer ministro está acusado de crímines de guerra y su gobierno incluye ministros que promueven políticas de supremacía judía”, concluyen.
Millones de estadunidenses, incluyendo sectores judíos, están repudiando todo eso, algo que se expresa tanto en protestas, campañas de desinversión y boicot, como en las elecciones de nuevos políticos que condenan el apoyo incondicional a Israel.
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