De cara a las elecciones de 2024, estadounidenses temen por la democracia, pero por razones opuestas

WASHINGTON (AP) — En una nación políticamente polarizada, los estadounidenses parecen estar de acuerdo en una cuestión subyacente de las elecciones de 2024: la preocupación por el estado de la democracia y por cómo afectará a su futuro el resultado de la contienda presidencial.

Sólo discrepan sobre quién representa la amenaza.

Una encuesta de The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research reveló que el 62% de los adultos afirma que la democracia en Estados Unidos podría estar en peligro dependiendo de quién gane el próximo otoño. La mayoría de los demócratas (72%) y de los republicanos (55%) piensan lo mismo, pero por razones diferentes.

El presidente Joe Biden ha tratado de retratar un futuro distópico en caso de que el favorito del partido republicano y expresidente Donald Trump vuelva a la Casa Blanca, después que éste ha prometido cobrar revancha contra sus oponentes y no descartó que podría abusar de los poderes del cargo. Trump ha tratado de dar la vuelta a la narrativa últimamente, diciendo que los casos de subversión electoral y de documentos en su contra muestran que Biden ha utilizado el gobierno federal como arma para perseguir a un oponente político. Ha calificado a Biden de “destructor de la democracia estadounidense”.

“Creo que desde el lado de la izquierda, es bastante obvio que les preocupa la elección de un presidente que es abiertamente autoritario, alguien que claramente quiere reducir los controles y contrapesos dentro del gobierno para fortalecer la presidencia y hacerlo de forma que el poder ejecutivo tenga un alcance sin precedentes sobre la población y sectores del gobierno”, comentó Michael Albertus, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago.

“Desde la derecha, los republicanos están pensando en la extralimitación gubernamental, en un gobierno excesivamente intervencionista, en las amenazas a la libertad y en los mandatos que sirven para actuar de una determinada manera o adoptar ciertas políticas”, añadió.

En este contexto, la encuesta reveló que el 51% de los adultos de Estados Unidos opina que la democracia funciona “no demasiado bien” o “nada bien”.

La encuesta preguntó sobre la importancia de las próximas elecciones presidenciales en relación con 12 puntos y descubrió que el porcentaje de quienes afirman que el resultado sería muy o extremadamente importante para el futuro de la democracia en Estados Unidos (67%) se sitúa sólo por detrás de la economía (75%). Es casi igual al porcentaje que dice lo mismo sobre el gasto público (67%) y la inmigración (66%).

Tony Motes, bombero jubilado que vive en Monroe, Georgia, mencionó una serie de razones por las que cree que “no vivimos en una democracia plena”. Eso incluye lo que él ve como un deterioro de los derechos, incluidos los derechos de los padres, que los ladrones y otros criminales no rindan cuentas, y la falta de fronteras seguras.

El republicano de 59 años también dijo que los diversos casos penales que se están llevando contra Trump socavan las tradiciones democráticas del país.

“Intentan evitar que se postule porque saben que va a ganar”, afirmó.

Los resultados de la encuesta se alinean con una tendencia entre los estadounidenses a tener una opinión indolente sobre el funcionamiento de la democracia. También creen que el sistema de gobierno del país no funciona bien para reflejar sus intereses en cuestiones que van desde la inmigración hasta el aborto, pasando por la economía.

Robert Lieberman, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Johns Hopkins, ha estudiado la caída de las democracias en otros lugares y los elementos comunes que alimentan su ocaso.

Entre estos factores se encuentran la polarización, el creciente antagonismo étnico o racial, el aumento de la desigualdad económica y la concentración de poder en el mandatario de un país.

“Durante varios años, Estados Unidos ha tenido estas cuatro condiciones, prácticamente por primera vez en la historia”, dijo. “Así que estamos en un periodo propicio para los desafíos a la democracia”.

Trump no es la causa de ese patrón, dijo Lieberman, pero “parece tener un instinto infalible para empeorar las cosas, y ciertamente tiene impulsos autoritarios y un montón de seguidores que parecen validarlo o aplaudirlo”.

La encuesta de AP-NORC encontró que el 87% de los demócratas y el 54% de los independientes creen que un segundo mandato de Trump afectaría negativamente a la democracia de Estados Unidos. En el caso de los republicanos, el 82% cree que la democracia se debilitaría con otra victoria de Biden, y el 56% de los independientes concuerda con ello.

Aproximadamente 2 de cada 10 adultos estadounidenses (19%) opinan que la democracia en Estados Unidos “ya está tan gravemente dañada que no importa quién gane las elecciones presidenciales de 2024”. Es más común escucharlo de los republicanos (23%) que de los demócratas (10%), pero relativamente pocos en ambos partidos piensan que la democracia de Estados Unidos es lo suficientemente resistente como para soportar el resultado.

Las plataformas de redes sociales y las páginas de noticias que refuerzan los prejuicios aceleran la polarización que lleva a personas de diferentes perspectivas políticas a creer que el otro bando es el que representa la amenaza más grave para la democracia de la nación, evidenció Lilliana Mason, profesora asociada de Ciencias Políticas en Johns Hopkins.

“No creo que la gente esté exagerando. Creo que en realidad están viviendo en entornos informativos en los que para ellos es cierto que la democracia está amenazada”, dijo.

Mason indicó que un bando teme lo que Trump ha dicho que hará si gana, mientras que el otro responde al miedo creado en un ecosistema mediático que dice que los demócratas quieren destruir Estados Unidos y convertirlo en una sociedad socialista o comunista.

Para algunos, el peligro es algo más que las declaraciones de Trump y la preocupación sobre cómo podría virar hacia el autoritarismo. También es lo que está sucediendo en los estados y en los tribunales, donde continúa la manipulación de circunscripciones electorales y las amenazas a los derechos de voto, así como las medidas que limitan la capacidad de las personas para votar fácilmente, como la reducción de sitios para los buzones electorales y el endurecimiento de los requisitos de identificación de los votantes.

“Mira todos los obstáculos que se han puesto para impedir que la gente, especialmente la gente de color, pueda votar”, dijo Pamela Williams, de 75 años, una votante de Nueva York que se identifica como demócrata. “Eso no es democracia”.

Douglas Kucmerowski, una votante independiente de 67 años que vive en la región neoyorquina de Finger Lakes, está preocupado por esas acciones a nivel estatal y por el uso del Colegio Electoral, que puede permitir que alguien sea presidente aunque pierda el voto popular.

También cuestiona el estado de la democracia nacional cuando una gran parte del país apoya a un candidato que enfrenta múltiples cargos penales y que ha hablado, entre otras cosas, de cobrar revancha y de utilizar el ejército en el ámbito nacional.

Trump también ha mentido sobre el resultado de las elecciones de 2020, aunque ha sido confirmado por múltiples revisiones en los estados más disputados donde el expresidente impugnó su derrota. También convocó a sus partidarios a un mitin en Washington antes de que asaltaran el Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero de 2021, en un violento intento de impedir que el Congreso certificara la victoria de Joe Biden.

“Ese candidato, en cualquier otra época, probablemente habría sido descartado. Pero por alguna razón, en esta sociedad, él es una de las mejores opciones”, comentó Kucmerowski. “Si este país está tan confundido que no sabe distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, y hay expresidentes que dicen que el primer día será un dictador, ¿a nadie le importa el segundo día, o el tercero, o el cuarto, cuando siga siendo un dictador?”

La encuesta a 1.074 adultos se realizó entre el 30 de noviembre y el 4 de diciembre de 2023, utilizando una muestra extraída del Panel AmeriSpeak de NORC, basado en probabilidades y diseñado para ser representativo de la población de Estados Unidos. El margen de error de muestreo para todos los encuestados es de más/menos 4,0 puntos porcentuales.

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