Pues sepa usted, señor juez…

ACOPIOS LITERARIOS…12 (Relato)

Federico Sánchez -FS Fedor-

Pues sepa usted, señor juez, que no soy ningún revoltoso, ni alterador de la paz pública. Me acusan de alterar la paz pública pero yo no sé a qué paz es que se refieren, porque si alguien está alterando la paz, el sosiego y la tranquilidad de la gente son esos benditos agentes de la policía nacional que por cualquier «quítame esta paja» se llevan a uno preso. Mire usted, señor juez, yo iba caminando tranquilamente por la avenida Duarte, después de salir del liceo escolar del mismo nombre y de repente escucho una algarabía enorme, eran unos estudiantes revolucionarios, eso creo, que de repente lanzaron «volantes mariposas» al aire con proclamas contra el gobierno, y así como aparecieron así mismo ¡puf¡ se esfumaron, desaparecieron.

Parece que dijeron ¨…a correr se ha dicho¨, o ¨…paticas pa´ qué te tengo¨. Eran como veinte, se encontraron todos en el cruce de la Duarte con calle 11, yo caminaba a unos 50 pasos y al escuchar repentinamente ese alboroto, como usted dice, me detuve, no por miedo, sino porque me sorprendió; en principio no entendía lo que pasaba, hasta que escuché bien una frase que decían, era algo así como «Ni un paso atrás con la revolución», y luego entendí otra que decía «Medio millón para la universidad», que para serle sincero no sé a qué se referían, pero creo que era exigiendo más presupuesto para la UASD para que ésta pueda sobrevivir.

Después de estas consignas y el lanzamiento de los volantes mariposas al aire y que usted tiene uno ahí en sus manos, como prueba escrita del delito, ya que no le he posible registrar las voces cuando vociferaban, los participantes salieron huyendo, repartiéndose por diferentes direcciones, uno por la calle 11 hacia el mercado Villa Consuelo, otros hacia la José Martí y los que corrieron por la Duarte salieron hacia la Máximo Grullón y muchos se metieron por los callejones que tenían salidas hacia la Martí y de ahí presumo que pasarían a los demás callejones que conducen a las calles Saltitopa y Federico Velázquez.

Yo los vi a casi todos huyendo hacia esas direcciones porque estaba próximo a la esquina, un lugar bastante visible y estratégico para ver las calles completas. Como puede usted ver, señor juez, si yo hubiera sido uno de ellos, estuviera corriendo en ese momento, y no hubiera observado cómo huyeron y por dónde… ¿Eh?, bueno, presumo que eran 20 ó 25 participantes, no más, todos jóvenes, entre 18 y 20 ó 21 años, quizás estudiantes todos, me imagino, porque no estaban con uniforme, yo sí estaba con uniforme, porque venía del liceo a eso de la 5:30 de la tarde…

Ah no, no puedo decirle si eran estudiantes porque no tenían uniformes escolares, lo que sí presumo es que eran miembros, simpatizantes de partidos de izquierda, que en este momento son los únicos que proclaman una revolución violenta para cambiar el estado de cosa… No, yo no creo en nada, a mí o me pregunte sobre si creo eso porque no soy político, sólo un estudiante que quiere superarse…

Bueno, a mí me agarraron, señor juez, cuando ya yo iniciaba mi marcha hacia mi casa y en el momento que recogía un volante de los que habían lanzado para leer el contenido…. No, sólo por curiosidad, nada más, y es en ese momento que llegan estrepitosamente, se apean de sus guaguas celulares, atropellan, agarran aquí, allá, por acullá, me agarran a mí, y a casi todos los transeúntes que pasaban en ese momento, pero a los participantes no, porque ya se habían ido, y de repente ¡zah! llegó otra guagua, pero los integrantes estaban de civil, vinieron a ayudar a la policía y comienzan a apresar a todo el que estaba en el medio, ya gentes jóvenes que en ese momento pasaban por ahí, gentes inocentes, sorprendidos en medio de una turbulencia…

Pero ¿cómo puede usted entender, señor juez, que la policía creería que el que participa en un acto así, que ustedes llaman ilegal, se va a quedar ahí, parado, mirando esperando que venga la milicia y lo aprese?, no, señor juez, salen huyendo, hacen su actividad, y luego «patica pa’ que te tengo», como le dije, o sea, que hacen mutis, se esfuman, porque el objetivo es llamar la atención de los parroquianos del lugar, hacerse sentir, que viven, que están ahí latentes, que pueden hacer algo por el prójimo, compartir un cometido revolucionario con los presentes, aunque sea momentáneo; así propagan sus ideas y se hace de una forma instantánea, espontáneo; lógicamente con previa preparación.

Son acciones que se van concatenando con otras acciones como parte de todo un plan, una estrategia de la revolución, señor juez; entonces en ese momento que le dije, me atrapan inocentemente, usted diría infraganti, con ese volante en la mano, y ya para la policía soy un revoltoso, y no tan sólo por el volante en la mano, sino porque llevaba uniforme escolar, al igual que otros escolares que venían en camino, inocentes, que ni siquiera habían observado el «volanteo «…

¿Eh?, ah, así le llaman a esa actividad, «volanteo»… No es que yo sepa mucho, es que ya es muy popular, señor juez… Bueno, se le llama así, porque se hace como un relámpago, ¡zaaa! por eso le llaman «movilización relámpago», lo sé porque como usted debe comprender soy estudiante público. Bueno, el asunto es que me agarraron, me dieron un empujón hacia «La perrera», que fui a parar al fondo, junto al chofer; a otros también los maltrataron, nos llevaron al destacamento más cercano, que está ahí mismito en Villa Consuelo, cerca del mercado público…

Ah, señor juez, como si fuéramos perros no más o «Chivos sin ley», nos metieron en una celda pequeña, atestados, éramos como 15, que ni sentados cabíamos, y esta es la hora y ya hace 15 días de eso, que yo no sé qué se hicieron mis útiles escolares; me los quitaron y a otros también, y nos pusieron en un cuartito estrecho, con una hediondez impertinente; y al otro día, cuando nos llevaron a la Preventiva del ensanche La Fe, no nos dieron nuestras cosas, incluso algunos tenían relojes, cadenas, anillos y otras prendas y no las devolvieron; yo no sé cómo usted, señor juez, le llamaría a eso, quizás prueba del delito, pero para mí es hurto, robo, quizás no premeditado, pero robo al fin…

Ah, pero usted no se imagina el maltrato que hemos recibido en la preventiva La Fe, que no sé por qué le llaman preventiva, inhumana, ergástula, barbarie, deberían de llamarle, la cárcel de la humillación, del atropello, porque no es una cárcel decente lo que encontramos allí, fue un antro infernal.

Mire señor juez, además de encontrar celdas múltiples para todo tipo de reclusos, sucias, llenas de heces fecales, por la falta de agua y elementos de limpiezas, nos encerraron con gentes pocos comunes, con presos acusados de robo, asaltos, riñas y otras «linduras» por el estilo; imagínese no más, nosotros, adolescentes, estudiantes, juntos a esos malandros que si bien es cierto que son víctimas de esta sociedad de injusticia en que vivimos, no es menos cierto que a veces caen en ese desliz porque son víctimas de abandonos familiares; pero eso no es todo, señor juez, también fuimos víctimas de cosas peores, había un preboste que nos hizo la vida imposible; de noche se pegaba a los barrotes de nuestras celdas y con un palo o un tubo lo chocaba haciendo ruidos infernales, que nos despertaban de nuestro sueños profundos; y lo hacía cada hora, de noche, que en todas las noches nos despertaba 5 y 6 veces; a veces ya no podíamos dormir.

Al otro día eso era dolores de cabezas y el sueño que se nos venía encima y a cada rato otra vez volvía con su impertinencia y nosotros velados, sin poder dormir, porque de día hay tanta algarabía que es imposible conciliar el sueño, y cuando recibíamos visitas había que darles dinero, primero al guardia de la celda y después al preboste para que pudiéramos ver a nuestros familiares, y sólo los veíamos a una distancia como de 4 metros, separados por un pasillo y a los lados las rejas de un lado, y las compuertas de barrotes en el otro.

Incluso, muchas de las cosas que nos mandaban eran mutiladas, llegaban en trozos, porque una parte la cogían ellos y se la comían o la cogían, como si los visitantes no les daban su ración al comandante, pero a escondida, usted sabe…

¿Eh?, es posible, señor juez, a decir verdad, lo único bueno de esta mala experiencia que podría contarle, es que me leí varios libros, eso sí, no de política, sino de literatura, que para ellos la política es peligrosa para los adolescentes y de literatura, o sea narrativa, poesía, no lo es; craso error, señor juez, porque a veces con estos libros se crea una mejor conciencia revolucionaria, que con aquéllos, porque los libros políticos están cargados de ideologías, que a veces pueden presentarse como la solución del mundo, se creen únicos, con pretensiones universalistas, y no permiten otras opciones, mientras que los libros de literaturas le crean una conciencia abierta, ideas de una situación real, replanteada, histórica o del pasado reciente, que le permite comprender mejor el presente, pero ellos, pobres vigilantes ignorantes, no lo saben.

Y eso es todo, señor juez, como usted puede ver, yo no soy ningún revoltoso y alterador de la paz pública, como dice ese expediente acusatorio, sólo soy un simple estudiante que tuvo la desgracia de estar en un lugar prohibido en el momento menos indicado.

De libro: LA CONJURA DE LOS GALLOS LOCO, cuentos, 2007.

El autor es Periodista, Publicista, Cronista de cine, catedrático de universidades O&M y UTESA–. Escritor –Poeta, Narrador, Dramaturgo, Ensayista. Se declara Humanista Universal.  FaceBook: Federico Sánchez.  Wasap: 809-353-7870. Email: anthoniofederico9@gmail.com.    


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