Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme
A cada quien su definición de “victoria” (https://bit.ly/4rZCPpy). El presidente Trump, quien se sublima en el manejo mercadológico, asevera la “derrota” de Irán y el triunfo de Estados Unidos, imitado por Patrick Foulis, académico de Hoover Institution, que forma parte de la Universidad de Stanford y es una de las principales fuentes de inspiración ideológica de los halcones del Partido Republicano desde Kissinger hasta Condoleezza Rice (https://www.hoover.org), quien alucina que “la gran parte del mundo todavía no tiene una clara alternativa más que depender de Estados Unidos” (https://bit.ly/47YQOom).
Ya al cuarto día de la agresión militar de Israel/Estados Unidos a Irán, el consultor militar ruso Andrei Martyanov (AM) había sentenciado la derrota de Israel/Estados Unidos frente a Irán (https://bit.ly/47Zr7nC). A los 11 días de la tercera Guerra del Golfo, que ahora entró a su segundo mes, un servidor avanzó la alta probabilidad de un triunfo de Rusia y China (https://bit.ly/4mgDbXP).
En una notable entrevista a la revista globalista británica The Economist, donde los banqueros jázaros (khazar en https://bit.ly/3QqemJr) Rothschild ostentan la cuarta parte de sus acciones, el ex director del MI6, sir Alex Younger, sentencia que “Irán va ganando” (https://bit.ly/4tbYtrs). A los 26 días de la guerra, de nueva cuenta Martyanov sentencia en forma perentoria que “Irán ya ganó la guerra” (https://bit.ly/4bFZrXe). Según el analista financiero William Pesek, de Asia Times (con sede en Hong Kong), el “daño de Irán en el estrecho de Ormuz es la ganancia del yuan chino” cuando “Irán estrangula el abasto del petróleo, acelera el declive del petrodólar y estimula las ambiciones de la divisa china” (https://bit.ly/4sJDLQ4).
El geoeconomista ruso Sergei Glazyev aduce que “la guerra contra Irán decidirá la suerte de Ucrania” (https://bit.ly/4dgW5ev). En sus cinco escenarios, considera que “la posición rusa saldría reforzada”, al unísono de la consolidación de China, que “se convirtió en la potencia dominante no sólo en el plano productivo, sino también en el ámbito científico y tecnológico”. Gabriel Honrada advierte de una “operación mano oculta”, donde el eje militar Irán-Rusia ha sido develado (https://bit.ly/47pMvCn).
El analista financiero británico Ambrose Evans-Pritchard (AEP), de The Telegraph, peca de su legendaria rusofobia y se embelesa con China, a la que juzga como la “verdadera triunfadora” conforme el “conflicto en el golfo lleva a un choque energético global”, cuando “Trump corre el riesgo de un giro geopolítico superlativo (en término negativo para EU), al unísono de la pérdida de credibilidad de Estados Unidos en Asia” (https://bit.ly/4calWno).
A mi juicio, AEP exhibe un doble perturbador reduccionismo geofinanciero/geoeconómico y carece de profundidad geoestratégica, lo que obnubila su rusofobia. Cita a la Agencia Internacional de Energía, que expone que “40 activos de energía han sido severamente o muy severamente dañados en nueve países” cuando “Xi suena como la voz de la tranquila responsabilidad” y lo único que tiene que hacer es “sentarse firmemente conforme se desintegra la OTAN”. Agrega que “Xi puede sonreír conforme el Pentágono quema sus depósitos de municiones y de minerales de tierras raras”. AEP comenta que “el tema no es que China ataque de pronto a Taiwán, sino que China no tenga que hacerlo” cuando “los taiwaneses pueden ver el escrito en el muro”. Un fuerte dato: en el intermezzo de la guerra, ¡bajó el precio de la gasolina en China!
Al corte de caja de hoy, la legendaria resistencia chiíta de Irán, sumada a que es una genuina “potencia tecnológica” que ostenta de “muy sofisticadas capacidades cibernéticas”, a confesión de John Brennan, ex director de la CIA (https://bit.ly/4lTTb1o) y su “síndrome Karbala” (https://bit.ly/4uXKGGT) le están dando el triunfo prácticamente en forma pasiva a Rusia y China, con las limitantes en el horizonte de que la dupla Netanyahu/Trump pueda utilizar sus arsenales nucleares para someter la “guerra asimétrica” del país persa, lo cual desembocaría en una tercera guerra mundial de carácter termonuclear.
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