1. AUTODESTRUCCIÓN…
Federico Sánchez -FS Fedor-
Ya no es posible la sobrevivencia en este tormento imprevisible, próximo al suicidio, en esta duda constante, desordenado, presionado por las últimas instancias de tu conciencia o por esa desosegada paciencia que te inmuta, te paraliza los recónditos insanos de tu interior, la música que escuchas para apaciguar el alma y los ruidos mundanales del entorno, de los rincones de la casa, y ese malestar que se posesiona de ti a través de los objetos con que vives en una especie de cómplice autoacusador.
Y qué decir de esa culpabilidad que late, en que se siente el retorcijarse, esos, tus intestinos cuando el estómago vacío no aprisiona, al menos temporalmente, el zumo conductor nutritivo, tal como los vasos comunicantes del amor cuando no hay contraparte, y esas tripas que orquestan todo un fundir de ruidos estrafalarios y los nervios que no se controlan, sino todo lo contrario, ellos mismos se vierten raíces andróginas concibiendo ráfagas, debacles y toda clase de emociones que presionan como una bola de fuego el corazón y late, fuerte, pero no se manifiesta como una mejoría, sino como una atmósfera corrosiva, pero eso sí, bien corrosiva, y ya no se puede tener en la mano un bolígrafo con que das las órdenes.
intenso, con esa erección débil del cuerpo que te embargas, ya no puedes dar una orden sin que te tiemblen los labios, no hay quien te obedezca, tu rango ya no existe, ha declinado, ha sido borrado de la faz de este terruño, antes dominado por ti; ese poder también te lo han borrado de un plumazo, de una firma que te controla y siempre ha disentido de ti, y en tu interior insufrible otra vez el sudor que corre, y los poros que se abren como venas cortadas por navajas, y el pelaje que se grifa, en erección diabólica, punitivamente se clava en el ex-escritorio de mando, y la piel que se blanquea y el imposible sentarse tranquilo porque el sillón cómodo, solaz ya no es el mismo, ya no se siente como en una suite, o no te sientan bien las asentaderas porque no es posible que después de tantas muertes que has ordenado ya no las sientes infectadas, blandas, tan sólo candentes en un mar de brasas interminables que te impulsan a darte a ti mismo órdenes.
Sí, órdenes que a contrapelo debes de ejecutar, órdenes antes ejecutadas por otros que ahora debes ejecutarlas tú y es así que te inclinas, y lerdamente tratas de levantarte, pesado y cabizbajo, te paseas ensimismado por tu habitación, te sientas y vuelves a sentir la dureza del asiento, corres la gaveta hollinada, sacas la pistola, niquelada, refulgente en tus manos que sudan, ladeas el brazo derecho impulsándolo hacia arriba, colocas la pistola en tu sien, que también suda fríamente, y dudas, intentas apretar el gatillo, tiemblas, sientes miedo, no es lo mismo apretar el gatillo hacia otro que hacia sí mismo, lo aflojas, otra vez dudas, y tu dedo ahí, tratando de apretar, halar hacia atrás, temeroso, en un círculo vicioso, aprisionado, asqueroso.
Verano, 1983-.
2. El exilio y la espera
Recibirás ese sobre firmado por un seudónimo que ya conoces; álgida pero apaciguada verás que tus dedos destrozarán una esquina del papel rectangular con esa acostumbrada parsimonia con que recibes las cartas, con la misma delicadeza con hace todo, incluso almorzar.
Asiduamente sacarás el papel embadurnado de letras manuscritas y leerás concentrada, sin perder la noción del tiempo ni de su contenido y te sentirás satisfecha al deletrear esas palabras que tanto deseas escuchar de sus labios ausentes, pero te resignas tan sólo a leer por ahora, no hay otra salida, y lees mentalmente: «no dejo de pensar en ti; a cada paso, a cada momento te reconozco»; vuelves y lees la frase para confirmación, para tu propio convencimiento y volverás los ojos hacia «no dejo de…., y te alegras, piensas lo mismo, en la misma frase, te sientes alabada, amada, correspondida, rescatada de las miradas sesgadas, oblicuas, a cada paso que das, de los ojos masculinos en las calles, en los expendios y parques.
Te impacientas el resto del contenido, te nostalgias, te friccionas levemente las manos y en cada palabra sufres, comprendes, sin experimentarlo, la aridez, el infortunio del exilio, de tu querido amante y compañero de jornadas familiares y políticas a la vez; terminarás la lectura con la fecha que data del 27 de febrero de 1973, una fecha patria que desdice mucho de lo que sucede hoy, de tu aridez, de tu despatriado marido y todo por ser un simple desafecto y disidente de los dirigentes de la patria; y tus ojos húmedos no se contendrán, no podrán contenerse antes la estrepitosa salida de una hilacha de lágrimas desplazándose hacia un abismo de soledad, pero de esperanza, de regreso tardío, pero seguro.
Mayo, 1983.-
3. “LÁGRIMAS PARA UN RECUERDO”Se te hace imposible conciliar el sueño. No puedes conciliar el sueño desde aquella noche; cinco noches atrás recibiste esa mortal llamada telefónica. Sólo el recuerdo te aprisiona, distraída en el ir y venir del pasado al presente en presagio del futuro. Te impresionas, no sabes cómo pero te impresionas de hechos olvidados o casi olvidados que ahora te surgen como un rayo en zigzag o en arte birlibirloque y afloran en un relacionarse contigo y tu entorno, tus deseos y necesidades, tus sentimientos y tu futuro sin él; organizas mentalmente tu devenir y en lo que sería tu alma en pena, solitaria; organizas todo, audaz y a la vez temerosa, precisamente ahora, pensante así como estás, ahora que ya no puedes más con esa soledad tan presurosa, en premura.
Y más en un momento como el ahora, el aquí y ahora, cinco días después de la muerte de tu esposo que ya no sabes distinguir entre el sueño y la realidad, como esa tarde en que lo conociste, reverente, sentado frente a ti por primera vez, discutiendo, como todo un teórico de las teorías políticas, ese algo en común acerca del futuro y las tareas inmediatas de la Organización, iniciándote, entusiasta y ávida de conocimientos, en una célula revolucionaria, analizando todo un rompimiento de cabeza, de esa culminación sin parigual que debe tener la humanidad.
Y tú ahí, parsimoniosa, deseada después de cada reunión y tu corazón latiendo, latente, borrando toda mancha, todas las huellas que enturbiaban tus deseos y que borrados para siempre surgieron otros, Silvia, que son los que hoy, permanecen en ti, como ese de esa tarde que flotaba y flotaba en un mar de alfombras, en una ciénaga de luciérnagas, iridiscentes, apaciguadas, recuerdo dejado en una corcha-espuma de motel en el verano del 72.
O cuando él te llevaba del brazo por las callejas de la ciudad colonial, aprehensivo, seguro, aquella noche impregnada, preñada por luminarias eléctricas, de nubes de otoño, empujadas por la brisa de otoño y de frente a la sonrisa de la parvulez y la esperanza, de la alegría que se nos escapa un día y regresa tan fuerte como el caobo, y recuerdas aquel día armonioso en que tímida buscabas su refugio porque no podías soportar un regaño de tu madre, y te sentiste celosa de la soledad y te inmutaste, pero confiabas y él que cruje los dientes y te deja pasar, y te lame el cuello, te exaltas y también te exultas con toda la candidez posible y te aprisiona en unos barrotes carnívoros y no le haces resistencia, sino todo lo contrario, y te sumerges, submarino visto por un caza bombardero, gritas e intentas el intento de una escapada, inútil, te sientes querida, y culebra como eres, cuerpo de sierpe en lujuria, te retuerces, gimes con un compasioso alarde de compasión, de aventura lunar y el éxtasis se hace imposible porque vuelves al presente.
Y de nuevo los recuerdos de su imagen cuando lo despediste, hace un mes; entonces las lágrimas que afloran, callas, reconoces la realidad y ahora sólo te queda un montoncito de huesos irrecuperables, descarnados, como quedaron los de tu marido, rastreados por sabuesos de ocasión, humeantes a sueldo, diletantes sicarios incompasivos, que hoy ríen de su hazaña.
-Verano, 1985-.
Del libro: Al final de la escapada, cuentos, 2002
El autor es Periodista, Publicista, Cronista de Cine, Catedrático -universidades O&M y UTESA–. Escritor -Poeta, Narrador, Dramaturgo, Ensayista-. Se declara Humanista Universal. E Mail: anthoniofederico9@gmail.com. FaceBook: Federico Sánchez. Wasap: 809-353-7870.
Descubre más desde Notiultimas
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
