ACOPIOS LITERARIOS…8

Federico Sánchez -FS Fedor-

Llamaradas punitivas sobre Palestina

(Cánticos 5 y 6).

Cántico 5.

Hay, niños del mundo, / una depresión que enluta el alma, / y ahoga a los mayores vivos / al tener que enterrar bajo escombros / sus huesecitos de coral, / que polvo serán, mas polvo quemado.

Hay, ancianos universales, / un llanto que devora la piel, / y enciende la mirada /

como ascua fosforescente y maldita.

Hay, mujeres de la tierra, / una cantera luctuosa que parece fosa, / y diseca los pechos amamantadores de la progenie, que perece.

Hay, judíos de la creación, / una jodida explosión / que huele a chamusco, / y se expande infinitamente / por los terruños gazatíes / devorando las especies, / y se inverniza al calor de la tarde, / y arde en fuegos, en fuegos fatuos, / con sentimientos agresivos, / de devorante entonación, / con estocadas trasnochadas, / de doliente maniobra / en cada estación, / y también hay / terruños fuertemente vigilados, / y asediados, y arruinados, / pues han demolidos las estancias / con sus cercas alambradas, / y las escuelas siguen inhabitadas / porque ya no lloran los niños, / tan sólo enmudecen / porque la soledad / los ha agarrado confesados, /

y los patios con gladiolos / aspirando a ser jardines / viven desencantados, / y los barrios de obreros desahuciados / imploran el pan de cada día, / y los parques gruñen, desolados, / sin bancos ni palmeras ni rotondas / que protejan las tardes de glorias / y de recreos y sus paseos saludables, / y los riachuelos se secan, /

desde el Norte / y el Este / y hacia al Sur, / y detienen el suministro de agua, / y ahogan en calor /cada aliento de vida.

Judío de encendido oráculo, / desdice mucho de tu historia milenaria, / de tus sacrificios y tus sufrimientos, / de tus huidas y escapadas / a media noche y sin luz, / debo decirte, por decreto, / que tu venganza será tu karma, / que reproducir tu holocausto / con castigo y maleficio, / que fue sufrido, resistido, / vehementemente abochornado por ti, / que fue  suministrado / por la peste de Hitler, / y que ahora lo emula a mansalva, / esa imitación tuya / es como llorar / ante la presencia de Adonai,/

El Todo Poderoso, / que debe estar sorprendido / de tus rabias agresivas / y tus malos ratos consagrados, / como si el tiempo no existiera, / por tanto desafuero, /

por tanta soberbia / e indescifrable simulación.

Esa actitud, judío, llora / ante la presencia de Jehová, / que sin disimulo, / creo que ya ni se asombra. /

Cántico 6.

Los soldados hebreos, / perturbados, / en las últimas escaladas / dispararon a matar.

Mataron por matar el tiempo, / les apuntaron a las ovejas lanudas / de los pastores, / dándoles un tiro de gracia, / como rematando su osadía, / un disparo que se multiplicó / en todos los fondeaderos y corrales.

Mataron por matar el viento / de un peregrino que oraba / por su designio maldito, /

decidido ya a morir / porque así otros lo zanjaron.

Mataron por matar el invierno / de un limonero intentando recaudar / su recua de alimentos, / antes de bajar al obligado purgatorio, / pues se intimidó su conciencia, / intranquila e inocente, / y se santiguó.

Mataron por matar el espacio / a los que corrían / sobre sus mulas envejecidas, / de ociosa quietud, / que se estancaron por tantos ruidos / y efervescencias.

Mataron por matar la inocencia / de los niños, que escondidos, / se arracimaron en los matorrales enanos, / intentando ser flor / o pétalos / o ramitos floridos / o floresta, / para confundir a los enemigos, / los milicianos parricidas, / insaciables de sed, / sed de líquido magenta / y mangrino, / dejando revolotead / el maizal adorado / se doraba / a la intemperie / de un sol petrificado / por el tiempo.

Mataron por matar la misericordia, / a la muerte misma, / que se levitaba / enredada en el humo / y en el polvo / y en el silbado viento / que se arremolinaba /

como huracán santiguado.

Mataron por matar el vuelo / del ángel caído, / al muro despedregado, / al Mar Rojo abriéndose, / al muerto, otra vez muerto, / al Muro de Jericó ya caído, / al Monte Sinaí / y sus cerros pelados, / al Valle de los Reyes Muertos, / a la Franja de Gaza / ya esquilmada, / hasta desaparecerla / del mapa de Canaán / y sus confines / más abyectos.

Mataron por matar en su flor / a las espigas de ébano, / ya ruyidas, de invertido color, / pisoteadas por la caballería / de feroces Atila, / cabalgando / como rodillos de molinos / para escanciar, aplastar / las uvas de los oasis, / y el peral de los surcos / y sus humedades.

Mataron por matar los surcos / de las veredas saharianas, / alumbradas eternamente / por los candelabros / y las pavesas / que los ungidos usaban /

para pedirle al Todopoderoso / que los acogiera / en su Santa Gracia.

Mataron por matar las oraciones, / cantadas cada noche, / mientras las estrellas, /

incluida la de Belén, / se encargaban de aclarar / y relucir todas las sabidurías, / sanas y cognitivas, / dúctiles y ágiles, / en todos los valles / de Oriente Medio / y todas sus etnias: / los homogéneos cananeo-hebreo-judaicos, / los pasivos sirio-iraquíes, / los sabios medo-persas-iraníes, / los ingenuos libaneses y palestinos, / los musulmanes árabes, / los encamellados beduinos-jordanos / y los jeroglíficos fenicios.

Mataron por matar la siesta / de los que en cada tarde de té, / de hierba y jengibre, / tardaron en escapar / con el crepúsculo a cuesta, / y apenas pudieron pestañar /

bajo el humo estacionario / que los ahogó en sangre y sal, / en lodazal y eninfierno cieno, / marrón o amarillo.

Mataron por matar a los caminantes, / los que emprendieron la hégira, / como Mahoma, / desquiciados, / sin poder llegar a su destino, / los quedaronmaquillados / de cenizas y orlas / de cintas negras.

Mataron por matar la suspicacia, / con sus drones volátiles, súper ágiles, / amputando, azotando / a todo el universo terrenal, / dejando a los niños mutilados, / y adoloridos, / y sedientos de fe y pan, / y ataviados en los hacinamientos / y los campos mustios / y ajados.

Mataron por matar la esperanza, / con su escalada de obstinación, / en su perpetuo afán, / de destruirlo todo, / derrotando la resistencia contumaz / de los manumitidos, / y las operaciones heroicas / de los hamasitas, / que fallecen /

antes que la aurora / se expanda con sus gritos.

Mataron por matar la nobleza, / con tanta perversidad / que cada genocidio / se ha vuelto un juego de niños, / envueltos en celofán caliente, / en tanto / los jinetes del apocalipsis / se regodean / en su obsesiva victoria, / sin obtemperar el llamado / de un ¨alto al fuego¨, / que clama la humanidad toda, / asombrada aún / por la indolencia y la barbarie, / el oprobio y la indelicadeza.

Mataron por matar la convivencia, / banalizando los villorrios / de Palestina /

y sus alrededores, / tanto de Gaza / como del remedo de Cisjordania, / donde se pervive / con una aleatoria y riesgosa vida, / un modu vivendi inclemente, / subsumido en una voltereta, / arrastrado / como por una vorágine, / y con un amén / de giro inclemente.

Mataron por matar su propia osadía, / sin importarles que ahora, / a todos los milicianos, / incluso a Netanyahu, / se les imputa / con el improperio de terroristas, / como si las mezquitas de Jerusalén / fueran volteadas al revés.

Mataron por matar la primavera, / y arrasaron con todo ser vivo / –flora y fauna e inorgánicos-, / rematando sus huesecitos trillados / y las nueces, todas hechos trizas, / y ellos se regodean de sus hazañas, / cuasi gozosos, y obcecados, /

creyéndose verse / en un final feliz.

Y a ésos, / los que mataron por matar, / los que mataron la calma, / y la salud /

y la tolerancia, / los que incrementaron la soledad / y la impotencia, / los que sembraron de púas punitivas / y cadenas perpetuas / las viviendas, / que a oscuras o al amanecer, / inventaron el sueño / lleno de pesadillas y dolor, / ésos malandrines, / los que no creyeron / que la paz era posible / y decidieron que la vida / no les pertenecía a sus vecinos, / ni siquiera un poluto ademán, / a sus vecinos de maculado honor, / a sus vecinos de milenaria traición, / a ésos, los que mataron por matar, / dios les pasará las cuentas / del Santo Rosario, / y se irán desgastando, / como anda un espectro, / a ciegas, / y sin su mortecina sombra.

El autor es Periodista, Publicista, Cronista de Cine, Catedrático universidades O&M y UTESA–. Escritor -Poeta, Narrador, Dramaturgo, Ensayista-. Se declara Humanista Universal.  E Mail: anthoniofederico9@gmail.com.         FaceBook: Federico Sánchez.  Wasap: 809-353-7870.


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