Así conviviremos con la inteligencia artificial, en el año 2038

Juan Carlos F. Galindo

Aunque parezca ciencia ficción, está más cerca de lo que pensamos. No es Black Mirror, pero sí puede ser realidad, en 20 años.

Harry Shum es vicepresidente ejecutivo del área de Investigación en Inteligencia Artificial de Microsoft. De origen chino, estudió en la Universidad de Carnegie Mellon, una de las universidades americanas que en Estados Unidos es vivero constante de talentos sobre Inteligencia Artificial. Shum sigue en Estados Unidos, trabajando para el gigante Microsoft, la única tecnológica que se mantiene después de diez años en el top five de las compañías con mayor capitalización bursátil del mundo.

Mientras que otros colegas chinos que estuvieron en Microsoft, como Qi Lu, que ahora es el Chief Operating Officer de Baidu -también conocida como la Google china-, o Kai-Fu Lee que creó el primer sistema de reconocimiento de voz del mundo en 1988 y trabajó en Apple, Microsoft y Google, han vuelto a su país de origen, Shum se mantiene fiel a la empresa creada por Bill Gates.

Y como máximo responsable en Inteligencia Artificial en Microsoft, ha desarrollado en un extenso documento titulado ‘El futuro calculado. El rol de la Inteligencia Artificial en la Sociedad’, algunas de las claves de esta nueva tecnología que ya está revolucionando todos los ámbitos de la Sociedad y de las Empresas, y que los expertos como Mckinsey, Forrester, Gartner o Strategy Analitics, por citar algunos, señalan como el causante que va a provocar, si no lo está haciendo ya, la 4ª Revolucion Industrial.

Shum se atreve a predecir que “en el año 2038 los dispositivos digitales nos ayudarán a hacer más con uno de nuestros bienes más preciados, el tiempo”. Y enumera algunas de las ventajas de utilizar este tipo de dispositivos en diferentes situaciones de la vida cotidiana.

En 20 años, señala el ejecutivo chino, podríamos tener nuestra primera reunión del día sin salir de nuestra casa, y no en la oficina, utilizando nuestro dispositivo HoloLens, u otro similar, en un meeting que utilizaría las tecnologías de realidad aumentada y realidad virtual y en el que se podría interactuar con colegas y clientes alrededor de una sala de juntas virtual impulsada por la realidad mixta (virtual y aumentada).

La presentación y observaciones del cónclave se traducirían automáticamente en el idioma nativo de cada participante, que escucharían a través de un auricular o teléfono. Un asistente digital, prepararía automáticamente un resumen de la reunión con las tareas asignadas a los participantes y recordatorios colocados en sus horarios basándose en la conversación que tuvo lugar y en las decisiones que los participantes realizaron.

Al salir de casa, tras la reunión –todavía estamos en 2038-, un vehículo sin conductor nos llevará a otra cita de trabajo, y mientras estamos en el coche autónomo podríamos ver una presentación en el Hub digital del coche.

Al mismo tiempo, nuestro asistente virtual nos resumirá, por ejemplo, información y datos extraídos de artículos y reportajes recientemente publicados, creando infografías para revisarlos mediante holografías o mediante la realidad aumentada del vehículo sin conductor en el que nos desplazamos a otro lugar. El asistente inteligente, también según nuestras instrucciones, contestará automáticamente a los correos electrónicos rutinarios, y redireccionará aquellos que puedan ser gestionados por otros directivos de nuestro equipo.

Y continúa explicando Harry Shum cómo un dispositivo inteligente monitorizará de forma permanente nuestras constantes vitales para la salud. Cuando algo esté mal el asistente virtual, Cortana de la propia Microsoft, Siri de Apple, Bixby de Samsung, o Alexa de Amazon, programará una cita con el médico y realizará un seguimiento y programación de chequeos, vacunas y exámenes de rutina.

La inteligencia Artificial, se cuenta en el texto editado por Microsoft, ayudará a nuestro doctor a analizar los resultados usando alrededor de un terabyte -1,000 Gigabytes- de datos de salud, ayudando a diagnosticar y a prescribir exactamente un tratamiento ad hoc. Inmediatamente, la medicación llegará a nuestro domicilio traído por un drone, y el asistente virtual nos recordará por voz cómo y cuándo debemos tomarlo. Nuestro mayordomo inteligente monitorizará el progreso y, si no mejoramos, pedirá permiso para reservar una nueva cita de seguimiento con el médico.

Si miramos atrás 20 años, en lugar de 20 años hacia delante, en 1998 en España, por ejemplo, sólo había alrededor de 7,5 millones de usuarios de telefonía móvil, frente a los más de 50 millones de líneas móviles que hay ahora, y la máxima velocidad de transmisión de datos móviles no llegaba ni a 80 kbps con la tecnología de entonces, el GPRS, frente a los 300 Mbps actuales que podemos alcanzar con el 4G.

Nadie podía imaginar hace 20 años que cuatro lustros después pudiéramos estar hablando de TerabytesPetabytes o Zettabytes, o de velocidades de transmisión de los datos que este año llegarán a 1 Gbps, o de cómo hoy la Inteligencia Artificial ya nos permite utilizar dispositivos que nos ayudan a gestionar nuestro ocio y nuestro trabajo.

Aunque en el horizonte hay miedos que acechan a la sociedad en el uso de la Inteligencia Artificial, y de los que sin duda hablaremos en este Blog en próximos artículos, los beneficios, como ha señalado el propio Stephen Hawking  en múltiples ocasiones, y a pesar de señalar también los peligros, serán mucho mayores.

uno de estos peligros de los que tanto se habla es la pérdida de empleos. En este sentido, la consultora Gartner, dice que la Inteligencia Artificial creará en 2020 alrededor de 2,3 millones de nuevos puestos de trabajo, mientras que destruirá 1,8 millones. Creará más de los que destruirá, dice Gartner. Y ni tan siquiera hoy podemos vislumbrar los nuevos trabajos que surgirán con la Inteligencia artificial en 20 años.

«En poco tiempo», cuenta Harry Shum, «muchas tareas mundanas y repetitivas serán realizadas de forma automática por máquinas inteligentes, lo que nos liberará de dedicar nuestro tiempo y energía a ser más productivos y creativos, y a hacer avances significativos en áreas como la salud, la agricultura, la educación o el transporte».

Antes, o al mismo tiempo, habrá que resolver otras cuestiones relevantes como la privacidad, la ciberseguridad o incluso la ética, para asegurar que la Inteligencia Artificial se usa de manera responsable, justa, transparente, inclusiva y segura.

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