La fortaleza de la alianza China-Rusia

China y Rusia avanzan hacia el reconocimiento del gobierno talibán en Afganistán

Raul Zibechi

El 2 de marzo de 1969, en una pequeña isla del fronterizo río Ussuri, comenzó el enfrentamiento armado entre China y la Unión Soviética, que duró hasta septiembre. En los diversos enfrentamiento durante esos meses murieron por lo menos 800 soldados chinos y un centenar de soviéticos.

Recién en 1991, treinta y un años después, se alcanzaría un arreglo satisfactorio para ambas potencias.El periodista Rafael Poch de Feliu, que durante décadas fue corresponsal en Moscú y en Pekín, sintetiza en el artículo La guerra del Ussuri, la tensión militar entre ambas naciones: “La URSS mantenía a lo largo de su amplia frontera de 4.200 kilómetros con China, 44 divisiones militares, 13 más que en su flanco occidental ante la OTAN”.

Apenas dos años después de esos combates, Henry Kissinger viajó e Pekín en secreto para reunirse con Chou en Lai, primer ministro chino, preparando la visita del presidente Nixon en febrero de 1972. La normalización de las relaciones entre EEUU y China fue clave para que Washington se enfocara en la competencia con la URSS, sabiendo que no podía confrontar con las dos naciones de forma simultánea.

La estrategia diseñada por Kissinger dio sus frutos a fines de la década siguiente con la implosión de la URSS y la descomposición del campo socialista europeo. Separar a los dos grandes enemigos, siempre fue una cuestión decisiva para que EEUU pudiera mantener su dominio global. Pero desde la crisis de 2008, las cosas comenzaron a cambiar de forma muy acelerada.

Al día de hoy, contra todo pronóstico y superando los duros enfrentamientos de antaño, China y Rusia pueden asegurar que han forjado una alianza sólida, tanto económica como política y militar. La clave es la agresividad del Pentágono en el Mar del Sur de China y en las fronteras de Rusia. En ambos casos la estrategia consiste en rodear militarmente a sus adversarios para desestabilizarlos y derrotarlos.

Un extenso artículo en South China Morning Post de Hong Kong, del 23 de enero, titulado “Cómo China y Rusia forjaron una amistad después de superar diferencias de décadas”, señala que la hostilidad de Occidente es la clave de la alianza, apoyada en “los beneficios económicos mutuos”.

Indagar sobre la fortaleza de esta alianza es un tema clave, ya que muchos analistas en Occidente, incluyendo académicos de renombre, piensan que se trata de una relación endeble destinada a no durar en el tiempo. El sociólogo Immanuel Wallerstein, por ejemplo, siempre sostuvo que China estaba condenada a entenderse con EEUU y Rusia con Europa, un análisis que resultaba básico y compartible hasta la crisis de 2008.

Para el diario hongkongués, la finalización del puente sobre el río Heilong, conocido como Amur en Rusia, propuesta en 1988, “es una señal de cómo Pekín y Moscú han navegado las décadas intermedias para acercarse más que nunca”. Desde 2013, Putin y Xi Jinginp han sostenido 37 reuniones por video y el presidente ruso estará en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en China el 4 de febrero.

La presencia de Putin en Pekín es interpretada como una muestra de solidaridad después de que Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y Australia anunciaran un boicot diplomático por los derechos humanos. Por un lado, Xi expresó su apoyo a su “viejo amigo” Putin, ante las amenazas de sanciones occidentales por Ucrania, en tanto Putin dijo que las relaciones bilaterales están “en su punto más alto, lo que refleja un alto nivel de confianza estratégica mutua”.

La alianza actual entre Rusia y China se apoya en varios ejes. Las crecientes relaciones económicas son claves. El comercio de China con Rusia aumentó un 35,8% el año pasado a un récord de 146.880 millones de dólares, y se espera que alcance pronto los 200 mil millones. China ha sido el mayor socio comercial de Rusia desde 2010 y también es el mayor comprador de sus productos básicos, con el 14 %.

La interdependencia económica de los dos países seguirá aumentando, porque “China necesita acceso a las vastas reservas de energía en el Lejano Oriente de Rusia para respaldar su floreciente economía manufacturera y la población más grande del mundo, mientras que China es un mercado estable para las exportaciones de energía de Rusia”, estima Xu Poling, de la Academia China de Ciencias Sociales.

El gas y el petróleo de Rusia se pueden transportar por tierra, mientras los petroleros que abastecen a China viajan a través del riesgoso Estrecho de Malaca, en el disputado Mar del Sur de China. Xu destaca que “el comercio entre Rusia y China tiene una naturaleza de asistencia mutua y de confianza estratégica”, ya que ninguno cree que el otro usará la interdependencia económica como arma.

En el terreno financiero, Rusia y China acordaron desarrollar una infraestructura independiente ante la amenaza de EEUU y Europa de excluir a Rusia de SWIFT, el sistema de pago electrónico más grande del mundo. En paralelo, se vienen comprometiendo a cooperar en áreas emergentes, incluida la seguridad de datos, el ciberespacio, el Ártico y la infraestructura.

En el aspecto diplomático, Moscú actualiza constantemente a Pekín sobre el progreso en las conversaciones de seguridad entre Estados Unidos y Rusia. En tanto, la cancillería de China defiende un “tratamiento justo y equilibrado” en el tema de Ucrania, y que las diferencias deben resolverse “a través del diálogo y la consulta”.

En el terreno militar, la cooperación es cada vez más fluida. Lo más reciente fueron los ejercicios conjuntos contra la piratería en el Mar Arábigo, “con el objetivo de mejorar las capacidades de los ejércitos de los dos países para salvaguardar las rutas marítimas estratégicas”. El comunicado del Ministerio de Defensa chino señala que las maniobras conjuntas profundizan “la asociación estratégica integral de coordinación China-Rusia para una nueva era”. Las maniobras se realizaron poco después de que China, Rusia e Irán concluyeron un ejercicio marítimo conjunto de tres días en el Golfo de Omán.

Finalmente, los medios rusos y chinos anticiparon que en la visita de Putin a Pekín habrá “sorpresas”, aunque no concretaron de qué se trata. El ex diplomático indio MK Bhadrakumar, informó en Asia Times que se trata del gigantesco proyecto de gasoducto Power of Siberia-2 para construir “una ruta adicional para enviar gas a China desde la península de Yamal en Siberia, donde se encuentran las mayores reservas de gas de Rusia, a través de Mongolia”.

Este gasoducto se sumará al Power of Siberia-1, que en 2019 comenzó a llevar gas ruso a China a través de 3.000 kilómetros, en un acuerdo de 30 años firmado en 2014 entre Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China después de una década de negociaciones.

Ambas potencias comprendieron la estrategia del Pentágono de dividirlas y la crisis a propósito de Ucrania, que Bhadrakumar sintetiza: “Reducir a Rusia y ser capaz de intimidarla es un requisito previo de la situación antes de que EEUU se enfrente a China de manera integral”. Si el Pentágono consigue reducir a Rusia, “cambiaría el equilibrio estratégico global por primera vez en la historia a favor de los Estados Unidos”.

Por eso la alianza estratégica entre China y Rusia es de vida o muerte para ambas: “China tampoco puede permitirse el lujo de ver a Rusia hundirse bajo la presión de Estados Unidos”.

Las cartas están echadas y las dos potencias, que hace cinco décadas se enfrentaron armas en mano, están dispuestas a luchar espalda con espalda para enfrentar cualquier agresión.