La espera que desespera 

Vacunémonos, ¡por Dios!

Por Valentín Piña del Rosario 

Desde la asunción al poder del nuevo gobierno, encabezado por el presidente Luis Abinader, y los mencionados casos de corrupción señalados a las anteriores autoridades, ha sembrado la esperanza en la ciudadanía de que apliquen condenas ejemplarizadoras a quienes han robado los bienes del erario.  

Además de los casos revelados de hurtos burdos de los bienes del Estado, existen ex funcionario que exhiben opulentes fortunas que no permiten un arqueo de sus cuentas, dejando claro que se han lucrado de maneras deshonestas. 

Los casos de trasiego, sobreevaluaciones y sobornos en los Casos Medusa, Tucanos, OISOES, Metro, Odebrecht, Coral G, Punta Catalina, para mencionar algunos y el supuesto desconocimiento del ex presidente Danilo Medina hace necesario que la justicia aterrice y conozca esos casos y aplique todo el peso de la justicia los culpables. 

A casi dos años del gobierno perremeista, la población sigue esperando que la Procuraduría General de la República concluya con estos casos y se aplique castigos ejemplares a los culpables. 

Los dominicanos no queremos seguir oyendo acusaciones y denuncias que inculpan a ex funcionario, se hace necesario, no se solo que se condene y se envíe a la cárcel a los corruptos, si no que también se les expropie de los bienes del Estado que fueron sustraídos. 

Nadie duda de la integridad de los magistrados Mirian German y Wilson Camacho, pero más que acusar, se hace necesario actuar y que se llegue al estado de la cosa irrevocablemente juzgada y cada caso, para crear un precedente que erradique esa cultura de corrupción que parece normal en el manejo de la cosa pública. 

Como la justicia se supone descentralizada e independiente se requiere que, en todos esos casos no solo haya acusados, se requieren condenados y expropiados, Ese sería una muy buena señal de que se está cambiando en la justicia y se quite la precepción de que son disparos con carabinas vacías y que sería más de lo mismo y que no se convierta en desesperante la espera.