EU contra Assange: diluvio de maldad

Editorial huésped La Jornada

Pocas veces un imperio ha mostrado tanta crueldad y determinación para destruir a un solo hombre como Estados Unidos en su cruzada para silenciar a Julian Assange, el activista que puso al descubierto las violaciones a los derechos humanos y la permanente transgresión de la legalidad internacional en el comportamiento de Washington en el resto del mundo.

Entrevistados por La Jornada durante su visita a nuestro país, John y Gabriel Shipton, padre y medio hermano del fundador de WikiLeaks, relatan el trato inhumano contra Julian en una prisión de máxima seguridad de Reino Unido, donde enfrenta el ya casi consumado intento de la superpotencia de extraditarlo para procesarlo bajo la ley de espionaje de 1917, con la cual se le podría condenar a 175 años de prisión por hacer lo que hace todo periodista: dar a conocer al público información que los poderosos desean mantener oculta. Por eso, su padre es perentorio: la lucha de Assange es la lucha por la libertad, si cae Julian, cae el periodismo.

En un tono mucho más diplomático, el mes pasado la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, advirtió que la extradición y el enjuiciamiento de Assange pueden tener un efecto amedrentador sobre el periodismo de investigación y los lanzadores de alertas.

John y Gabriel detallan cómo en la prisión de Belmarsh, conocida como el Guantánamo inglés, las autoridades británicas le han quitado su capacidad de comunicarse, expresar sus ideas, de ver y hablar con sus semejantes, de argumentar en defensa propia. Además de confinarlo en una pequeña celda durante 23 horas del día y reducir al mínimo cualquier contacto con el mundo exterior, desde el año pasado se le impide asistir a sus propias audiencias, con lo que no sólo silencian su voz, sino que lo hacen invisible.

De manera execrable, esta campaña para desaparecer a Assange del ojo público y suplantar la verdad con el discurso de sus perseguidores ha contado con la complicidad de los grandes medios corporativos, incluso aquellos que se beneficiaron de la información divulgada por WikiLeaks. Por ello, John cita a un periodista escocés que describió el proceso contra Assange como un diluvio de maldad.

Tras presentar el documental Ithaka, producido por Gabriel, en el cual se retrata la lucha de John por la libertad de su hijo, muestran una tenue esperanza por la concientización en torno a la importancia del caso Assange para la democracia y la libertad de expresión: desde la opinión pública hasta los legisladores, poco a poco se cae en la cuenta de las implicaciones de usar el espantajo del espionaje como arma contra quien denuncia crímenes de guerra y corrupción.

Pese a que hoy todo parece en contra de Julian, cabe desear que la solidaridad de los muchos tarde o temprano triunfe sobre la sed de venganza de Washington.

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