Brasil: La derecha no sabe perder

German Marte

El intento de golpe de Estado del pasado domingo en Brasil pone de manifiesto, una vez más, que la derecha no sabe perder.

En el gigante sudamericano, como casi todas partes del mundo, hay sectores que solo son demócratas si ganan, pero cuando pierden o se sienten inseguros pueden ser más fascistas que Benito Mussolini, si se lo permiten.

Y por más que a uno le duela, hay millones de brasileños, sobre todo de clase media o pobres alienados, que siguen a Jair Bolsonaro y creen en sus delirios, al punto de llegar a cometer actos de vandalismo como los registrados durante el asalto al Palacio, al Congreso y a la Suprema Corte.

Lo mismo que millones de estadounidenses que adoran a Donald Trump, tanto que hace dos años protagonizaron un asalto al Capitolio. Una gran locura.

Históricamente se ha visto que mientras más conservador sea un determinado sector o una clase, más cobardes y por tanto más peligrosos se vuelven. Acostumbrados a estar arriba, los ultraconservadores son capaces de hacer las cosas más absurdas por miedo a perder el poder o a un enemigo que puede estar alojado en sus mentes.

Esta vez la intentona fue fallida y su principal instigador hoy finge estar enfermo en Miami. ¡Qué casualidad, Miami!
Lula salió fortalecido, por el momento. Pero ojo: sus enemigos harán lo imposible por impedirle gobernar en paz. Los bolsonaristas, que tienen una gran fuerza en el Congreso, que cuentan con el apoyo de gran parte del empresariado, grupos racistas y muchas iglesias evangélicas, harán todo lo que esté a su alcance para derrocarlo cuanto antes, aunque con ello se hunda Brasil.

Es bien sabido que las circunstancias no son las mismas que cuando ocupó la Presidencia desde 2003 a 2011, período durante el cual logró sacar más de 30 millones de personas de la pobreza y se ganó el reconocimiento mundial por su buen desempeño.

Pienso que Lula podrá sortear los grandes obstáculos que hoy tiene por delante. Será como guiar un barco en medio de un tsunami, pero debe hacerlo bien.

Eso lo ayudará a reivindicarse y cerrar su carrera política por lo alto, pero sobre todo por el bien del pueblo brasileño, debe gobernar a favor de las mayorías.
Para lograr mantenerse en el poder es preciso que movilice de manera permanente al pueblo que lo apoyó mayoritariamente y que lo llevó nuevamente al Palacio de Planalto. Nada más efectivo para frenar a los golpistas que las masas tiradas a las calles dispuestas a defender sus conquistas democráticas.

Mientras, y aunque le cueste asimilarlo, la derecha tendrá que aceptar que los tiempos han cambiado, que los pueblos demandan más derechos, más democracia, más bienestar, más equidad para todos.

Afortunadamente, Lula no está solo en el continente, y si bien ha recibido el apoyo unánime de la comunidad internacional, desde Joe Biden, la ONU, Pedro Sánchez, Xi Jinping, hasta Vladimir Putin, sus verdaderos aliados están en el propio continente: Luis Arce (Bolivia), Gustavo Petro (Colombia), Nicolás Maduro (Venezuela), Daniel Ortega (Nicaragua), Miguel Díaz-Canel (Cuba), Alberto Fernández (Argentina), Gabriel Boric (Chile) y el más sabio de todos, Andrés Manuel López Obrador (México).

Adelante pues Lula da Silva, Brasil y todo un continente están contigo en este renacer de la esperanza.

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