APOSTILLAS #18: Del pincel a la opinión

Prólogo cándido al libro de opiniones de Cándida Díaz

Federico Sánchez (FS Fedor)

Esta recopilación de artículos de opinión de la profesora y periodista Cándida Díaz, publicados en diversos medios escritos, es refrescante. Esto así, porque su temática general sigue vigente. La diversidad de temas, que surgieron a la palestra pública hace más o menos 15 o 20 años, matizan la realidad de este momento en el que nos circunscribimos. Y no porque no nos hemos desarrollados más. Ni porque nos hemos estancado en el tiempo y en un ambiente involutivo, intranscendente, minúsculo. Ni mucho menos porque el pensamiento, las ideas, los argumentos no evolucionan ni se contradicen, en tanto ungidos de una dialéctica eficaz. Todo lo contrario. Más bien se trata de temas que sirven para toda la vida, en tanto son aproches que tienen que ver con la educación, con la cultura a groso modo, con nuestra idiosincrasia, con nuestra historia reciente y milenaria, con sus usos y costumbres dominicanos o nativos (quizás patrióticos), con nuestro quehacer y condecir. Con nuestra nacionalidad, en fin.

Son temas sui géneris, desarrollados en artículos de opinión, dentro del amplio espectro de nuestra sociedad, como nación, como pueblo, como ente humano, en nuestra cotidianidad.

¿Qué es un artículo de opinión como subgénero del periodismo escrito? Por su naturaleza es un argumento, informativo o persuasivo, a un tiempo. Puede ser una exposición didascálica o educativa, cuando no, una sentencia o máxima de un especialista en una materia, o un conceptista, dentro de las ciencias sociales; esto es, política, historia, psicología, sociología, entre otras disciplinas pariguales. Por su característica tiene como propósito valorar, analizar, exponer posturas, ideas, asuntos varios, acontecimientos de interés público. Obvio deviene que su autor debe gozar de credibilidad, de autoridad ética, moral y profesional. Por su lenguaje debe ser sencillo, en cuanto a la estructura lingüística (sin diletantismo o prepotencia vocálica, difícil, indescifrable a primera lectura), mas no superfluo; ha der claro, mas no nimio, tiene que ser ameno, mas no muy prolijo, tomando en consideración que es espacio dado es muy corto, y hay que ser preciso.

Sería prudente, más que bueno, especificar las categorías o géneros periodísticos a fin de ubicar el lugar que le corresponde al Artículo de Opinión. En síntesis, existen tres clasificaciones, a saber:

  1. Periodismo Informativo, compuesto por los subgéneros siguientes: Noticia, Reportaje objetivo y Entrevista Objetiva.
  2. Periodismo Interpretativo, y son sus subgéneros: Reportaje Subjetivo, Entrevista Subjetiva y Crónica.
  3. Periodismo de Opinión, compuesto por: Editorial, Cartas del Lector, criotica, viñetas, y Artículo de Opinión (que se caracteriza, repito, por ser un criterio independiente, personalizado, y lleva consigo el sesgo, el sello ideológico -en tanto es una idea- de su autor).

Y es así que de este acopio de artículos surgen temas que describen comportamientos, características, inclinaciones emociónales y/o racionales que están adicionados a la dominicanidad en su relación con su entorno, su historia, sus detalles y costumbres consuetudinarias, y su relación con la cultura en general, con la globalización de los demás países con los que hemos tenidos o tenemos vínculos, al menos en un ápice comercial o bélico o artístico.

Y esos temas, sucinta, detalladamente, me hacen pensar que el tratamiento pedagógico emitido por la profesora Díaz nos puede servir de guía, para todos, yo, tú, el lector, otros, y así podamos emprender un desarrollo, una investigación de cualquiera de los puntos tratados, porque son trascendentes, categóricos, en la vida, por la paz y el conocimiento.

De ahí que puedo mencionar el primer tema tratado: ¨El baño, costumbre indígena¨.

¿Quién no ve en esta exposición importancia histórica? ¿Cómo nos hemos acostumbrado y podido acostumbrar a otros sobre una conducta higiénica corporal, que además de salud, recreo, ingesta gozosa, es una tradición isleña desde los taínos, probablemente continental-americana, que sobrevive y sobrevivirá a las diversas temperaturas, las más bajas o altas, inclusive, que se produce por falta de ozono en la capa atmosférica?

Y qué decir del título: ¨La paz, una palabra abstracta¨, que al decir de la autora ¨…es un valor intrínseco del ser humano, como elemento que representa la felicidad¨. Y nos certifica también que para lograr la paz hay que ser tolerante. Y yo me pregunto ¿qué es la tolerancia? Pues sencillamente una cultura general pasada en el principio de la paz, de la democracia, de la transigencia, sin dolo ni orgullo, y quizás ni colectivo.

En el caso de un país frente a otro la tolerancia debe prevalecer para la paz, la convivencia; que sirva de resorte para deshacer una distensión. O una separación. O un Dislocamiento ideológico-terrenal o comercial.

Aplicar la tolerancia y aceptar el reconocimiento de las diferencias, de los puntos de vistas individuales, sometidos a la discusión abierta, es sinónimo de apertura democrática. De la unilateralidad a la acción unificada, de la homogeneidad o el reconocimiento de la heterogeneidad, sin claudicar a la diversidad, que enriquece a la sociedad en su perfiles de convivencias, de su desarrollo, de su amplitud cultural.

Por lo tanto, la tolerancia es símil de diálogo, que surge como el entendimiento de las personas a través de la expresión, como derecho, como saber, por cualquier medio, y es fundamental para la democracia. Las diferencias, expuestas sobre el tapete, deben llegar a un convenio común. Toda convención entre los seres en conflicto armoniza las conductas divorciadas, une los equívocos, enlaza las diferencias. La tolerancia es posible realizarla, emprenderla, empoderarla a través de la educación, escolar y hogareña.

Por todos los medios posibles, se puede ayudar a crear una cultura de diálogo y tolerancia, y debe implementarse asidua y conscientemente, interna y externamente, como marco jurídico, ético, y como conducta tempestiva, congruente, individual, colectiva.

También nos dice la profesora Díaz ¨…que son muchos los seres humanos que no viven en paz porque se olvidan de cultivar la verdadera esencia de la vida, que es el amor y la felicidad¨. Y yo agrego que para logar esa paz hay que vivir en democracia, entendiendo este concepto como un consenso. Un consentimiento mayoritario, respetando a la minoría. Debe ser u n resultado. Una convención. Nunca una condición impuesta. La democracia se catapulta con un fin y un medio convocados, a un tiempo; sin que el fin, si es obsoleto, coercitivo y divorciado de la realidad, justifique el medio. La condición humana debe prevalecer sobre cualquier estropicio impositivo.

La democracia está plagada de valores, inherentes al ser humano. Es su circunstancia más apreciada. Como la libertad. Como la educación. En sus actividades diarias, que se han fijados en su discurrir histórico, la condición humana se levanta, se petrifica ligada al más alto valor de la libertad y el respecto común. Lo valores positivos, en tanto humanos, son los que les dan sentido a la esencia de una nación, de un pueblo, de una comunidad, por muy pequeña que sea. Vivirla es una dignidad apreciada.

Y es así que como valor político, la democracia deviene congénita a todo espíritu humano. Surge en valor social inmerso en el derecho individual, en toda actitud y aptitud libertarias. ¨La libertad es inherente al ser humano¨, decía Ortega y Gasset. Y ésta se manifiesta con signos de responsabilidad cívica, con apego a la seguridad colectica en una dimensión dignificante. Gratificante. En su rol de valor político se socializa a través del derecho a disentir, al enfrentamiento de las ideas, contradictorias o no, que como choque de fuerzas resulte un nuevo elemento de calidad y cantidad consensuarias.

Como valor económico, la democracia se apresta a ser enemiga acérrima de la pobreza. La equidad social apela al más intenso y renovado sentido democrático a fin de crear un bienestar manifiesto con igualdad de condiciones y con un derecho individual igual para todos. La minoría debe respetar a la mayoría. Y viceversa. Esto sin importar las contradicciones y las disensiones ideológicas.

Como valor moral, la democracia se confunde con la historia de las libertades y la intendencia de los pueblos, de su cultura y su derecho a ser libres e soberanos, a poseer sus propios signos civilizados; esto es, su genio creativo, sus costumbres, sus tradiciones, sus derechos públicos consagrados en las constituciones, o sea: ¨Libre expresión del pensamiento¨, ¨Derecho de asociación a huelga y protestas dignas¨, a la ¨Educación¨, a la ¨Alimentación, al ¨Libre tránsito¨.

Quizás el valor más trascendental está estigmatificado en la educación, en todos los niveles formativos y como patrón de conducta, de superación personal y colectiva, de toda la sociedad. Y de la educación de la democracia, constante, dirigida como sinónimo de igualdad y tolerancia, incluyendo el derecho a la escogencia, depende sobremanera, y no subrepticiamente, sino clara, transparentemente, que una nación se desarrolle hacia los nuevos tiempos de la inter-trans-culturalización global. Un paradigma imposible de evadir.

Es vital este proceso para que la sociedad se transforme con una cultura sui géneris, envolvente, inclusiva, al mismo tiempo. Esa diversidad cultural, homogénea, heterogénea, sólo es posible con una comprensión cabal, integral, de la democracia. Y todos los estamentos sociales deben participar conscientemente. Educando en ese sentido se puede lograr.

Y a propósito de la educación, la profesora Díaz trata el tema del rol del maestro. Basta su experiencia vasta para saber lo que está diciendo. De ahí que se ha destacado en ese rol, y no sólo como educadora, sino también como comunicadora social en su papel de periodista, en defensa de la democracia, de la paz, de la solidaridad con los estudiantes y toda su secuela que conlleva: sacrificio, honorabilidad, trabajo incansable para sobrellevar una tarea de convivencia pacífica con esos muchachos ¨carpetosos¨, pero críticos y diligentes, inquietos y de apego al sesgo contumaz, a un tiempo. Es ejemplo de sobreesfuerzo, la de esta profesora, paradigma de orientación para los menos estimulados para alcanzar una profesión digna, como es el comunicador social, principalmente el periodista, que surge en un medio hostil a veces, pero como un campeón de la libertad de las lides públicas neutrales y/o heterodirigidas.

Pero de eso se trata, ¿no? aprovechar toda coyuntura que nos ofrece el medio, y determinar en varios aspectos lo que sigue: 1- que el periodismo académico, a fin de cuenta, se impone como carrera inevitable favoreciendo al alumno y a la misma empresa a la cual iría a laborar y, en una simbiosis apretada, también a los profesores les resulta propicio en su prosperidad; 2- que adquiere un relieve atractivo e importante como tribuna, por cuanto todo aspirante a periodista debe comprender para abrirse paso en una prensa moderna y obstruir todo intento de coacción del pensamiento y evitar su secuela de horrores y estropicios ideológicos o violencias políticas o explotación económica; y 3- que, como carrera académica, asegura al periodista un estatus de prestigio y respeto y, en un futuro no muy distante, una mayor y mejor seguridad social, por todo lo significa el Colegio Dominicano de Periodistas – CDP- y sus proyectos de protección social.

En síntesis, y ya para finiquitar, ¨Del pincel a la opinión¨ es un libro, un retablo, una herencia material literaria que nos ayuda a emprender un nuevo camino de la opinión pública, con gracias, con sutileza, con actitud y aptitud pedagógicas.

El autor es periodista, publicista, cineasta, catedrático, escritor: poeta, narrador, dramaturgo, ensayista.

E-Mail: anthoniofederico9@gmail.com. Face Book.

Wasap: 809- 353-7870.

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